09/11/2011
Arratsalde on guztioi:
Atsegin dut liburu hau aurkeztea.
Ramon Rubial autogobernua, euskaldunon arteko elkar ulertze eta akordioen sinboloa da. Gernikako Estatutua aurrera ateratzeko, nazionalistekin bat egiten jakin zuena.
Gaur, elkargune horiek faltan sentitzen ditugu.
Nazionalistak zatiketa bilatzen duten planak berreskuratzen ari dira. Haien aurrean, guk, ulermena eta elkarbizitza proposatzen duguerrorismoaren amaierak garai berri bat irekiko du Euskadin. Askatasuna eta elkarbizitza demokratikoa, behingoz, lortzeko aukera daukagu. Eta hau lortzeko, Rubalcaba edo Rajoy bozkatzea ez da gauza bera. Euskadin, denok dakigu, Rubalcaba edo Rajoy ez direla gauza bera.
La verdad es que siempre es un buen momento para hablar de una persona como Ramón Rubial. Un figura que encarna, como nadie, las virtudes del socialismo y del trabajo callado y constante y que siempre antepuso el bienestar común al suyo propio.
Felipe González lo comparó con el hierro de esta tierra, corto en palabras, pero en obras largo. Y de esas obras (de sus obras) da buena cuenta este hermoso libro, fruto del genio de otro gran luchador, como es Txiki Benegas.
Sus páginas están llenas de las palabras -siempre parcas, pero precisas- de Ramón. De sus anhelos, de sus pensamientos más íntimos y también de algo que es tan preciado para nosotros y que puede ser buena guía en este nuevo tiempo en Euskadi: la falta absoluta de rencor.
Y es que, sólo aquellas personas capaces de dominar sus pasiones y encontrar un punto de encuentro entre diferentes, son capaces de construir convivencia.
La vida de Ramón fue dura: sufrió toda clase de penalidades, de sinsabores y pasó mucho tiempo privado de libertad. Pero como él mismo decía: "Los años de cárcel no suponen ningún mérito, porque nunca fui voluntario". Es difícil encontrar un mejor ejemplo de humildad y de falta de odio.
Pero, sin lugar a dudas, su gran legado fue el Estatuto de Gernika, que a él le correspondió impulsar desde el Consejo General Vasco y remitirlo a las Cortes. Un proyecto de norma fundamental que supuso, más allá de un texto legal, un gran acuerdo entre vascos. Entre nacionalistas y socialistas, entre izquierdas y derechas. Un gran pacto con dos protagonistas indudables -el propio Ramón Rubial y Juan de Ajuriaguerra-, que sucedían a otros dos -José Antonio Aguirre e Indalecio Prieto- coautores del Estatuto del 36. Todavía hoy es el día que no hemos sido capaces los vascos de lograr un punto de encuentro más amplio.
Y esa también es una buena enseñanza para hoy, cuando algunos se empeñan en reeditar sus planes, sus obsesiones identitarias, sus propuestas que provocan división y enfrentamiento, los Socialistas y, desde luego, el Gobierno que presido, va a anteponer los valores del entendimiento y la convivencia. Porque necesitamos, más que nunca, caminar con unidad y consenso para construir país y asentar el nuevo tiempo.
Y creo que el futuro es prometedor, sobre todo ahora que se abre un nuevo tiempo de esperanza para Euskadi. Y me viene a la cabeza una reflexión de Ramón Rubial: "Es difícil a un pueblo que tiene necesidades pedirle paciencia. Pero hay que tener fe en el futuro y poner todo el calor en la esperanza". Porque lo que está en juego en estos momentos es nuestro futuro de libertad y convivencia.
Pero, además, estamos en pleno proceso electoral y no tengo ninguna duda de que, para Euskadi, no es lo mismo Rubalcaba que Rajoy. No quiero entrar a valorar lo de los demás (seguro que tenéis buena memoria para saber que han hecho durante mucho tiempo).
Pero, Rubalcaba, ha luchado calladamente contra el terrorismo huyendo de los réditos electoralistas. Rubalcaba ha demostrado que su único objetivo era acabar, de una vez, con los años de plomo, donde la vida humana se sacrificaba en la hoguera de los negros objetivos terroristas. Y ahora seguimos necesitando de gente como él, que predica y practica el diálogo y el entendimiento.
A Ramón Rubial le correspondió ser Lehendakari en un tiempo duro y difícil, donde la situación económica y el terrorismo eran los dos grandes problemas que ensombrecían el presente y el futuro de los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi. Hoy estamos en un tiempo también difícil, donde estamos ganando la batalla al terrorismo y donde ganaremos también la batalla a la crisis económica.
Y también en este sentido no es igual para Euskadi escoger entre Rubalcaba y Rajoy. Rubalcaba habla claro, no esconde lo que piensa y expresa con toda claridad lo que va a hacer. Otros no pueden decir lo mismo sobre sus verdaderas intenciones, que ocultan para no meter miedo con lo que piensan hacer.
Lo vimos ayer en el debate. Vimos quien proponía y quien no. O porque no se había leído su propio programa o porque, en lo que leía, no aparecía lo que su partido piensa hacer, no fuera que ahuyentara a sus electores.
Bueno. El caso es que la vida de Ramón Rubial sigue siendo una fuente de la que beber ante los retos que tenemos por delante; una guía para el comportamiento y el compromiso de todo el que se considere, de verdad, socialista.
Porque Ramón fue, ante todo, un gran Socialista, un buen vasco y una mejor persona. Así que os recomiendo este libro como libro de cabecera, porque encontraremos en él la respuesta acertada a lo que hay que hacer y a nuestro propio comportamiento.
Bilbao, 8 de noviembre de 2011