Autor: Josu Montalbán. Diputado del PSE-EE
Fuente: Deia
A principios del siglo XX, EE.UU. ejerció una estrategia invasora en Honduras. En un principio no necesitó de efectivos militares porque tres compañías fruteras de EE.UU. (Standard Fruit Company, Cuyamel Fruit y United Fruit Company) se instalaron en el país convirtiéndole en el primer exportador de bananas del mundo. Junto a Honduras, Guatemala y Costa Rica siguieron el mismo destino, lo que les proveyó el calificativo de repúblicas bananeras. Luego, la inestabilidad de los sucesivos gobiernos y sus informalidades terminaron por acuñar el término bananero a todo gobierno indeciso, poco serio e inestable. Pues bien, la solución a la crisis provocada en Honduras por el golpe de Estado que acabó con la presidencia del constitucional Manuel Zelaya a últimos de junio, bien puede calificarse de bananera en el más puro sentido despectivo del término. La intervención de la diplomacia de EE.UU. ha sido tan arbitraria que no ha tenido en cuenta que el relevo de Zelaya por Micheletti fue auspiciado mediante las armas en lugar de haberlo sido mediante las urnas.
La proximidad de las elecciones (29 de noviembre) fue, sin duda, la razón más importante para que las fuerzas militares desobedecieran y depusieran con nocturnidad y alevosía al presidente Zelaya. Hubo nocturnidad porque fue por la noche cuando el presidente fue sacado de su casa, y hubo alevosía porque nada es tan degradante y desleal como sacar a alguien de su casa sin dejarle que se vista. El pijama que portaba Zelaya aquella noche del 28 de junio, con el que fue mostrado en todos los periódicos del mundo, no obedeció sólo al instante en que se produjo la acción, sino a la intención indigna y perversa de quienes pergeñaron y culminaron la actuación.
Nada ha progresado hasta hace pocos días. Se puede decir que el golpe de Estado ha fracasado pero no se puede decir que haya triunfado la restitución de la democracia. Los pronunciamientos de los dirigentes de los países hispanoamericanos, EE.UU. incluido, que subrayaron la única legitimidad de Zelaya como presidente de Honduras, han callado. Las intermediaciones de Óscar Arias, como las de la OEA, quedaron en agua de borrajas. De nada sirvieron las amenazas del irredento Chávez, quizás porque el golpista Micheletti siempre ha tenido claro que, en caso de necesidad, EE.UU. le echaría una mano. De nada sirvieron tampoco las intercesiones europeas porque, al parecer, el horizonte de la revuelta golpista sólo alcanzaba abortar la posible continuidad de Zelaya para, de ese modo, poner freno al giro socialista emprendido por su gobierno.
Al final se ha anunciado la solución, pero parece la consecuencia de una negociación mezquina en que no se han tenido en cuenta las condiciones en que se produjo el golpe, la actitud violenta, ilegal y desleal de Micheletti, ni la necesidad de afirmar los principios democráticos. En suma, la anunciada solución puede obedecer a un acuerdo, que siempre es digno de aprecio, pero se lleva por delante una importante cualidad de la democracia, poniendo la voluntad que los ciudadanos hondureños depositaron en Zelaya en manos del Congreso Nacional, amenazado y amedrentado por quienes tomaron el gobierno empuñando las armas y no las ideas. Porque la votación que se va a producir en el Congreso Nacional podría negar la restitución de Zelaya al poder pero, aunque la autorice, va a impedir su reelección dado que el acuerdo no prevé ninguna salida a la reforma de la Constitución que pretendió someter a referendo democrático el presidente Zelaya apenas unos días después del golpe de Estado.
El subsecretario de EE.UU. Thomas Shannon se ha apuntado el tanto tras la mediación entre las partes, pero a nadie se nos debe escapar que su mediación ha llegado demasiado tarde, porque a EE.UU. no le ha interesado realmente atajar la ignominia del golpista Micheletti, sino atenuar e imposibilitar el giro socialista de Zelaya, no en vano había advertido que cerraría las bases militares americanas ubicadas en su suelo y profundizaría los vínculos con el ALBA (en detrimento del ALCA) y el llamado Socialismo del Siglo XXI. Ahora lo que falta por ser aclarado será de qué modo va a volver al Gobierno Zelaya, si le permitirán hacer la celebración que se merece la recuperación de la democracia que tendrá lugar con su regreso, o van a intervenir en el modo de hacerlo quienes en la noche del 28 de junio fueron capaces de deshacer la democracia. Se haga como se haga todo huele a cambalache y ya sólo resta descubrir las intenciones de cada una de las partes. En lo más recóndito de la mente alimento el deseo de que Zelaya vuelva al Gobierno hondureño para provocar su rearme democrático y, de algún modo, combatir a quienes le amarraron las alas mediante el golpe de estado. Sólo de ese modo quedará a salvo la autenticidad de sus convicciones éticas y sus posicionamientos socialistas.
Lo innegable es que esta solución bananera muestra tantas debilidades como incertidumbres. ¿Por qué ha dejado pasar tanto tiempo EE.UU. hasta forzar el acuerdo? ¿Será Porfirio Lobo, el actual líder opositor a Zelaya el candidato que desea EE.UU.? En todo caso todo incita a pensar que así va a ser. Lo absurdo, en principio, es que el acuerdo no cuente con el beneplácito de Lobo, que se ha mostrado partidario de salir de la escena del acuerdo toda vez que Zelaya y Micheletti no son de su partido político. Lo cierto es que Porfirio Lobo no se ha posicionado en ningún momento en contra del golpista Micheletti, dejando todo el desgaste para Zelaya y el Partido Liberal. Por fin, queda por saber el alcance real de la actuación de EE.UU. Para el analista político norteamericano Robert Kaplan "es un error tratar de imponer la democracia como hace EEUU, que actúa como un imperio". La frase fue dicha para enjuiciar la actuación intervencionista de EE.UU. en otros lugares del mundo, pero aquí también cabe su aplicación.
Es importante la restitución de Zelaya como presidente de Honduras, pero es mucho más importante restituir la democracia. Claro está que no puede darse lo uno sin lo otro.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak