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Opinión y Temas

Una cuestión de principios

06/12/2008

Autor: Rodolfo Ares

Fuente: El CORREOEl CORREO

Escribo estas líneas sin haberme repuesto aún de la conmoción y el asco que sentí al enterarme del asesinato de Ignacio Uria Mendizabal. Acabo de visitar su capilla ardiente y no me encuentro en mi mejor momento. Desgraciadamente, he pasado por esta experiencia en multitud de ocasiones, pero es imposible acostumbrarse a ver tan de cerca el dolor de quienes más querían a la víctima.

Siento un profundo respeto por la memoria de última víctima de ETA, exactamente el mismo que por el resto de las personas que ha asesinado la banda terrorista. Un respeto que siempre me ha llevado a ser muy crítico con quienes, de una u otra manera, han intentado instrumentalizarlas para alimentar las disputas partidarias. Me gustaría, así pues, que nadie interprete este artículo como parte de la lamentable batalla política en la que algunos se están enzarzando.

Ha sido la noticia de que el PNV quiere presentar una moción de censura en el Ayuntamiento de Azpeitia, donde, otra vez, un alcalde de ANV se ha negado a condenar el cobarde asesinato de uno de sus vecinos, la que me ha impulsado a aportar este elemento para la reflexión. Lo hago desde el convencimiento de que todos los demócratas de este país debemos ponernos de acuerdo para defender al unísono, sin titubeos, cesiones o fisuras de ningún tipo los valores éticos y democráticos que pisotean los que matan y quienes les amparan y justifican.

El miserable espectáculo que ha ofrecido el abertzalismo radical en el Ayuntamiento de Azpeitia no ha sorprendido a nadie. Ya sucedió lo mismo hace casi nueve meses, en Arrasate-Mondragón. No tendríamos que haber llegado a esta situación, pero sería deseable, al menos, que lo ocurrido sirva para que algunos comprendan que en la lucha contra el terrorismo y quienes lo apoyan no debemos cometer errores.

Frente a aquéllos que desprecian el más elemental de los derechos humanos, el derecho a la vida, no caben las medias tintas, las dudas o los posicionamientos condicionados por cálculos previos de rentabilidad política. De nada sirve que nos lamentemos cada vez que ETA asesina a una persona mientras exigimos a los terroristas que desaparezcan de nuestras vidas si, al cabo de unas horas, nos olvidamos de que al terrorismo hay que combatirlo a diario y en todos los frentes, sin perder nunca de vista que existen unos valores éticos y democráticos que deben ser compartidos por todos, que no admiten discusión.

El derecho a la vida, la libertad individual, la pluralidad de nuestra sociedad, la convivencia y la paz no son cuestiones negociables. Son valores que constituyen el suelo mismo de nuestra democracia. Y, para defenderlos, no bastan las palabras. Hay que pasar a la acción, manteniendo posiciones éticas, claras, firmes, comprensibles y coherentes. No se puede tener ni un ápice de tolerancia o comprensión con quienes consideran lícito que alguien te arrebate la vida porque no piensas como él. Es una anomalía moral que quienes justifican o amparan el terrorismo sigan dirigiendo algunos ayuntamientos en la Euskadi del siglo XXI. No lo podemos permitir más.

No quiero pasar facturas a nadie, pero siento una enorme rabia interior por tener que decir ahora lo mismo que dijimos hace casi nueve meses, cuando ETA acabó con la vida de nuestro compañero Isaías Carrasco. Aunque algo hemos avanzado: prefiero, al menos, tomarme de esta forma el hecho de que el presidente del GBB que, casi cuatro semanas después de aquel asesinato, rechazó suscribir una moción de censura contra la alcaldesa aeneuvista de Arrasate-Mondragón (aunque luego rectificó) haya tardado ahora menos de 24 horas en defender el desalojo del alcalde de Azpeitia.

Triste consuelo, en todo caso, porque los radicales abertzales siguen gobernando, además de en los ya citados, en otros once municipios vascos donde no tienen mayoría absoluta. Y eso a pesar de que, en estos nueves meses, ANV -y también EHAK-, han sido declaradas ilegales. Pero ni siquiera eso sirvió para modificar las posiciones del PNV, EA y EB, los tres partidos que, de una u otra manera, impidieron entonces que, allí donde era posible, desalojáramos de las alcaldías a quienes siguen amparando y justificando a los terroristas.

En vez de recapacitar, esas mismas fuerzas políticas, que conforman el pacto tripartito que gobierna Euskadi, se dedicaron a cuestionar la decisión de los jueces y, en ciertos casos, a alimentar algunas de las falsedades que el mundo de ETA esgrime para captar nuevos adeptos a su causa. Algunos dirigentes del tripartito volvieron a decir, por ejemplo, que en este país se ilegalizan las ideas. Pues bien, todos daríamos un gran paso en la lucha contra ETA si nadie volviera a repetir esa gran mentira. Porque los únicos que las proscriben aquí son los asesinos, que están dispuestos a matar a quien sea porque no les gusta su manera de pensar.

Nosotros seguimos donde estábamos. No tenemos ningún representante en el Ayuntamiento de Azpeitia, pero apoyamos que el PNV intente promover una moción de censura contra su indigno alcalde. Ahora bien, lo que no podremos compartir de ninguna manera es que la iniciativa se circunscriba únicamente a este Ayuntamiento de Azpeitia. Ni lo entenderíamos nosotros ni tampoco, estoy convencido de ello, lo comprendería la ciudadanía vasca.

Quiero insistir a este respecto en que en modo alguno deseamos alimentar ningún tipo de división que sólo puede fortalecer a los asesinos.( Por desgracia, el PNV y EA, no han tenido la misma precaución y se están tirando los trastos a la cabeza ofreciéndonos a todos un espectáculo lamentable). Pero la ética, como ya ha dicho nuestro secretario general, tiene que llegar a todos los ayuntamientos donde las fuerzas democráticas sumemos más que el abertzalismo radical. La ciudadanía vasca no entendería lo contrario. Por tanto, se acabaron las excusas: tenemos que recuperar para la democracia las alcaldías que están en manos de personas que no son dignas de ocuparlas. Es, ante todo, una cuestión de principios.

Rodolfo Ares es Secretario de Organización del PSE-EE
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