Que sea, pues, un museo de todos
21/12/2008
Autor: Isabel Celaá Diéguez. Portavoz de Educación y Cultura del Grupo Socialista en el Parlamento Vasco
Fuente: El Correo
Juan Ignacio Vidarte, director general del Guggenheim Bilbao, escribía el pasado 6 de diciembre en estas mismas páginas (”Los meses más amargos”) que este Museo es “un proyecto que hemos construido entre todos”. Y es una verdad que suscribo: el Guggenheim lo hemos construido entre todos y es, por eso mismo, un museo de todos los vascos. También de los socialistas vascos, cuyo compromiso con este proyecto fue en su día fundamental para que saliera adelante.
Y precisamente porque es de todos, hay que exigir muy seriamente que nadie se lo quiera apropiar para su propio beneficio personal o político. Que nadie intente patrimonializar el Museo como si fuera de su propiedad. Que nadie tenga la tentación partidista de emprender campañas de agitación para deslegitimar el trabajo del Parlamento Vasco, cuando investiga las serias irregularidades detectadas en el Guggenheim, pretextando defender los intereses de la sociedad vasca. Que nadie, pues, confunda defender lo que es de todos con poner a todos de escudo para eludir responsabilidades políticas o derivadas de una mala gestión.
Porque observo, con cierta preocupación maniobras muy poco democráticas para doblegar a los representantes de la sociedad vasca y hacerles desistir de una tarea que les compete, y para la que fueron elegidos: ejercer su capacidad de control para que los bienes públicos se administren con honestidad y transparencia; y esclarecer todas aquellas situaciones en que la honestidad y la transparencia han brillado por su ausencia, como las que han rodeado el escándalo por el desfalco del que fuera director general financiero de la Fundación Guggenheim, Roberto Cearsolo y por la pérdida de, más de seis millones de euros, en una ruinosa y muy dudosa operación de compra de dólares para pagar obra artística.
Nuestro convencimiento de que el Museo Guggenheim es de todos, por estar financiados con los impuestos de los ciudadanos, es el que nos ha llevado a los socialistas vascos a insistir reiteradamente en su carácter público y en la necesidad de que el Museo pudiera contar con los controles democráticos oportunos. Por eso, fue el Grupo Socialista el que forzó, mediante una iniciativa parlamentaria asumida por la Cámara, que el Tribunal Vasco de Cuentas pusiera en marcha la fiscalización de la operación de compra de dólares por parte de la Sociedad Tenedora. Fue al inicio de esta investigación –y no por el empeño del Gobierno Vasco o del Director General del Museo- como salió a la luz el “caso Cearsolo”.
Un caso que no se agota en su dimensión penal. Porque plantea otra cuestión digna de ser investigada: y es por qué ha estado tan mal guardado el patrimonio de todos los vascos. Lo que nos lleva a preguntarnos por las responsabilidades de gestión, de mala gestión, que incumben al señor Vidarte; y las responsabilidades políticas imputables a quienes han estado dirigiendo el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco y de la Diputación de Bizkaia. Porque lo que provoca verdadera alarma social, y exige aclaraciones urgentes, no es sólo el monumental desfalco protagonizado por el exdirector financiero del Museo, sino también, y sobre todo, el hecho de que esta persona haya gozado ¡durante diez años! de poderes omnímodos, por la confianza absoluta que el director del Museo tenía depositada en él. ¡Y alguna obligación tenían las sucesivas Consejeras de Cultura, como Presidentas del Consejo de Administración de la Tenedora, de saber lo que estaba ocurriendo!
Por eso, precisamente, y a instancias del Grupo Popular, se constituyó en el Parlamento Vasco la Comisión Investigadora sobre las irregularidades detectadas en el Museo Guggenheim, tras el acuerdo del Pleno de la Cámara del pasado 23 de mayo. Y es muy pertinente recordar que, entonces, el criterio unánime del Parlamento fue el siguiente: “La opacidad, la falta de transparencia y las faltas de control en la gestión económica y financiera del Museo Guggenheim hacen que debamos analizar en la Comisión las decisiones de los órganos directivos del conjunto del Museo y sus sociedades, y las adoptadas en el seno del Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia, en sus Departamentos de Cultura y Hacienda, en lo concerniente a sus responsabilidades administrativas en el museo y sus sociedades”.
Que no nos vengan, por tanto, ahora, quienes se han quedado solos en la defensa numantina de lo indefendible, con argumentos victimistas y con discursos que encubren un chantaje moral evidente, sobre los perjuicios que podemos ocasionar a la imagen del Guggenheim. Porque los únicos que han perjudicado la imagen del Museo son quienes, por acción u omisión, han podido contribuir a deteriorar su prestigio. Que nadie busque fantasmas en castillos ajenos, porque están en sus propios castillos.