Autor: Javier Rojo, Presidente del Senado
Fuente: El Correo
Es un acto desproporcionado que ha costado la vida al menos a nueve personas y provocado heridas de diversa gravedad a otras muchas. El día después de este execrable acto injustificado celebrábamos en el Senado la reunión de la Comisión Internacional de las Mujeres para una Paz Justa y Sostenible, que auspicia UNIFEM, para fortalecer las Resoluciones 1325 y 1889 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
En ocasiones, la actualidad hace que se produzcan estas casualidades y quiero aprovechar el momento para defender una serie de principios y de valores que deberían estar en la mente y en el corazón de todos los demócratas y de toda la gente de bien que soñamos con un mundo en paz y en libertad. Son muchos los problemas que nos acechan como para sumar más conflicto al complicado mundo que estamos construyendo.
'Mujeres por la paz' acudieron a la Cámara Alta a hablar de paz, a intentar aportar soluciones para poner fin a un conflicto de Oriente Próximo que dura ya demasiado y que es causa importante de las inestabilidades que padece el mundo desde mediados del siglo pasado. Puede que no consigan de inmediato el objetivo perseguido, pero es un paso, y son esos pasos los que todos tenemos la obligación de dar, desde nuestra responsabilidad y nuestras posibilidades, para lograr este noble propósito. Su actitud es encomiable pues, como en el 'Ion' de Platón, el diálogo es un fin para reflexionar, llegar a conclusiones y, en su caso, aportar soluciones, pero, también, y sobre todo, el diálogo es un medio, una forma de concebir la existencia, las relaciones entre las personas y los pueblos.
En un mundo plural y difícil como el que nos toca vivir, con profundas desigualdades, tensiones y guerras que, en la mayor parte de las ocasiones, tienen una base fundamentalista, étnica o religiosa, nuestra obligación es alumbrar caminos para la convivencia. Soy de los que creen que ningún conflicto tiene solución militar y que en este siglo XXI el antiguo adagio 'si vis pacem, para bellum' no puede ser leído sino con un nuevo espíritu de conciliación: 'si vis pacem, para pacem'.
No es el uso de la fuerza, no son las bombas, lo que guarda y enriquece las identidades diversas de los pueblos. La historia nos enseña que los avances de la civilización se han construido desde el intercambio de las culturas, de la ciencia, del pensamiento, de la inteligencia, del humanismo. Y la historia nos enseña, también, que la barbarie no es privativa de ninguna civilización, cultura o religión, sino del fanatismo y la intolerancia.
Cierto es que la historia no aporta soluciones mecánicas a los conflictos, pero previene acerca de que las soluciones simples, aunque políticamente parezcan atractivas, no suelen funcionar cuando el tiempo, en vez de alumbrar fórmulas de acuerdo, simplemente ha generado mitos históricos y ninguna aportación a la convivencia.
Somos muchos los que queremos la paz pero, desde luego, son muchas más las mujeres que la ansían. Sin duda, los efectos de los conflictos armados, la destrucción de territorios, de vidas y esperanzas son particularmente desgarradores en el caso de las mujeres. La violación de los derechos de la mujer es constante en las situaciones de conflicto armado. Son violaciones, casi siempre impunes, de principios fundamentales de derechos humanos y del derecho internacional humanitario.
La paz está vinculada inexorablemente a la perspectiva de género, a la igualdad entre el hombre y la mujer, y al desarrollo. Y no existe otro camino para alcanzarla que el multilateralismo, la legalidad internacional y el fortalecimiento de las democracias, esto es, el camino de los bienes públicos mundiales, aquéllos que representa y debe representar la ONU. Es la garantía para asegurar la protección de las minorías y de los débiles frente a la arbitrariedad, la injusticia, los prejuicios y el abuso de la fuerza. Éste es nuestro reto, y nuestra responsabilidad es ayudar a lograrlo.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak