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Opinión y Temas

¡Mesura, señoras y señores populares, mesura!

01/09/2009

Autor: Josu Montalbán. Diputado por Bizkaia

Fuente: DeiaDeia

Josu MontalbánLo único que se me ocurre tras el bombardeo de acusaciones desencadenado por la popular María Dolores de Cospedal dirigidas al PSOE, y que involucran osadamente a instituciones básicas de la democracia, es reclamar mesura. No tanto que ajusten, ella y sus compañeros, la medida de sus críticas y acusaciones, sino que muestren mesura. La mesura exige rigor para fijar las medidas o dimensiones del problema, pero exige además compostura, respeto, moderación, comedimiento y templanza. El que actúa con mesura calibra las consecuencias, sanas o perversas, que puedan causar sus acusaciones. Más aún, sopesa si las consecuencias pueden llevar aparejados males peores que los que las han provocado y discierne adónde debe dirigir los ataques en caso de que sean necesarios.

Desde que el presidente valenciano Camps viera sobreseída la causa que pesaba sobre él, relativa a los ya famosos trajes que recibió como donaciones, la mesura de los líderes populares ha brillado por su ausencia. La crispación ha brotado de las cenizas como reacción o bálsamo de Fierabrás destinado a reducir el impacto de la corrupción instalada en las filas del PP. Desmesura tras desmesura, los dos partidos que suman más del 90% de los diputados del Parlamento español están transmitiendo a los españoles una crónica política embarullada y confusa que trastorna la convivencia y ennegrece en exceso el ya sucio criterio que los ciudadanos tienen de la política y de los políticos.

Las acusaciones de la señora Cospedal son tan graves que deberían haberla llevado antes a denunciar los hechos ante los Tribunales que a la mesa de las ruedas de prensa donde se mostró rodeada de sus siglas. Tampoco garantiza ningún rigor pedir que comparezcan en el Parlamento el Fiscal General ni los ministros. En todo caso, la solicitud de tales comparecencias responderá a la estrategia que el PP ha venido desarrollando durante toda la legislatura: el Fiscal o los Ministros expondrán las verdades para que luego sean los portavoces populares los que siembren las dudas por doquier. Resulta curioso que, al parecer, sea el cerebro de Trillo la mano que mece la cuna (según fuentes importantes), quien ha urdido esta trama, teniendo en cuenta que fue quien almacenó restos humanos sin identificarlos previamente y los distribuyó arbitrariamente entre los familiares. ¿A qué puede estar dispuesto quien fue capaz de una acción tan deleznable?

Por eso conviene frenar el actual despropósito y poner mesura en tan desmedido empeño. ¿Imaginan ustedes qué conclusión pueden sacar de todo este amasijo de infamias quienes se enteren de ello a través de informaciones más escuetas, menos profusas y documentadas como serán sin duda las que se lean en otros lugares del mundo? La derecha española, como bien se ve, está provocando el descrédito de nuestra democracia en el mundo, y desacreditar nuestro sistema de libertades es tanto como desprestigiar a esta España a la que dicen amar tanto.

Lo cierto es que se trata de una estrategia bien medida, aunque desmesurada. Comienza con una declaración titubeante de Rajoy ("Quien debería hablar es la inquisición que hemos vivido... No voy a decir quiénes son, lo sabe todo el mundo"), y culmina 24 horas después con la lectura del programa festivo por parte de De Cospedal en un marco casi incomparable para ello: Marbella. Las frases merecen ser recordadas: "Es la primera vez en la Historia que un gobierno utiliza a la Fiscalía General para perseguir al PP... Es muy peligroso que el gobierno de Zapatero utilice las instituciones del Estado para hacer política partidista... La democracia está en un serio peligro... Desde las autoridades judiciales y policiales se están produciendo escuchas telefónicas ilegales... España vive un Estado policial". La guinda la ha puesto González Pons intrigando con que sus informaciones (las del PP) proceden del Gobierno, la Fiscalía y la Policía que "están empezando a darles claves". Y si todo esto es así como dicen, ¿por qué no recurrir a un Micheletti que acabe con estas agresiones a nuestro sistema democrático? Tal suele ser el pensamiento de las derechas ultramontanas como la española.

Desde la primera derrota de Rajoy ante Zapatero, la estrategia del PP ha sido la misma: fomentar la crispación para tapar la corrupción. Tratan de mostrar una democracia devaluada, llena de flancos vulnerables, para desacreditar a la política y extender la idea, tan perversa como equivocada, de que los partidos políticos se diferencian muy poco entre sí y de que todos los políticos son iguales, de modo que sus conductas no están influenciadas por sus ideologías. La ciudadanía, demasiado atribulada por la crisis y sus problemas de subsistencia, apenas tiene tiempo de leer las letras pequeñas que explican y desarrollan los grandes titulares. Las letras grandes de los titulares sólo provocan reacciones. En muy pocos casos reflexiones. El PP es especialista en provocar esas reacciones que invalidan la acción política y la rodean de intrigas e incertidumbres.

Sólo cabe pedir mesura porque pedir a los políticos populares que sean responsables -en el buen sentido del término- es como pedir peras al olmo. Frente a las corruptelas aceptadas y las corrupciones probadas, el PP está esgrimiendo ocurrencias, posibilidades y suposiciones. Agitan el agua de la superficie para que no se vea el lodo ni la suciedad que se almacena en el fondo, pero así matan a la política y la alejan de los ciudadanos, evitan la reflexión sopesada y convierten las campañas electorales en luchas ostentosas en las que los votantes ponen más interés en la vistosidad de los eslóganes y la brillantez de los escenarios que en la profundidad y eficacia de las propuestas programáticas.

Nada denota mesura en los comportamientos actuales de los líderes del PP. La estridencia de sus mensajes no les acerca a la razón, pero les es útil porque aleja a los ciudadanos de la reflexión sopesada que, sin duda, les llevaría a reclamar de sus políticos más lealtad a la democracia, más responsabilidad ante la difícil situación que atravesamos, más dignidad en el trato con los políticos de las otras formaciones e ideologías, más compostura y rigor en el lenguaje como método de expresión y relación, más respeto a las posiciones de los demás, más compromiso social para comprender que los derechos de las personas sólo pueden considerarse humanos si son universales y más templanza.

La mesura es templanza y la templanza exige mesura. Deben recordar las gentes del PP, líderes incluidos, que el catecismo que aprendimos de memoria cuando éramos infantes se refería a la templanza como una de las virtudes cardinales -junto a la prudencia, la justicia y la fortaleza- que deben adornar a la persona humana. Sean pues, si pueden, mesurados, por el bien de nuestra democracia y de la política que ha de preservarla. ¡Mesura, señoras y señores del PP, mesura!

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