Autor: Gemma Zabaleta. Cosejera de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco
Fuente: El Correo
Lo vamos a conseguir. Y no hablo sólo del Gobierno que preside Patxi López ni del Departamento de Empleo y Asuntos sociales que dirijo. No. Me refiero a una tarea colectiva de todos los ciudadanos; pienso en una sociedad como la vasca que ha sabido siempre remontar con voluntad y determinación los momentos difíciles. Y qué duda cabe que éste lo es. Nos lo recuerda cada día ese aluvión de datos inquietantes que aluden al aumento del paro, al crecimiento del déficit, a los imparables expedientes de regulación de empleo, a la brutal caída de la recaudación... Pero quiero subrayar que en este doloroso panorama, fruto de una más que vergonzosa codicia, no es puro voluntarismo anunciar un horizonte de cambio. Y no lo es porque quienes tenemos ahora la responsabilidad de marcar el rumbo nos hemos propuesto que la generación de empleo y el desarrollo de políticas sociales sean eje de todas nuestras actuaciones.
En este sentido, reafirmo mi especial y particular compromiso para no desaprovechar la oportunidad que supone la reunificación de las políticas sociales en un solo departamento. Creo que es la vía adecuada para desarrollar eficazmente la Ley de Garantía de Ingresos y ser fieles a su espíritu; esto es, asumir en la práctica que el reto de la aplicación de este sistema nuevo y consensuado es el empleo para todos y, muy especialmente, para los que tienen dificultades para acceder al mercado laboral.
No hay ciudadanos/as al margen del sistema. Los hay que pasan pocas o muchas dificultades en el mismo. Y para hacer frente a esa situación se requiere un abanico de ofertas de formación, empleabilidad, asistencia o todas a la vez. El reto no son los subsidios; el reto es el empleo.
Y lo urgente, lo realmente importante es generarlo. Y no son palabras. Las medidas que aprobó el Consejo de Gobierno del pasado martes día 8, esbozadas ya por el lehendakari, son la prueba de que las promesas se acompañan de hechos. Como bien dijo durante su comparecencia las propuestas dotadas con 367 millones de euros no van a solucionar la crisis pero sí nos colocarán en una mejor situación para superarla cuanto antes. Estamos en una fase que va más allá de de las buenas intenciones. Demostraremos que damos respuesta a las necesidades y problemas de nuestros conciudadanos que miran al desempleo con lógica y obsesiva preocupación.
Porque la pérdida del puesto de trabajo, el riesgo real de quedarse sin empleo o las dificultades objetivas para acceder a una ocupación afectan a muchos, a demasiados de nuestros vecinos. Dar una cifra hoy supone revisarla mañana y, las más de las veces, los números enmascaran que estamos hablando de personas, de ciudadanos con nombre y apellidos, con responsabilidades personales o familiares que viven dramáticamente su situación. Es una exigencia atenderlos desde parámetros de justicia y equidad desarrollando eficazmente las leyes de las que nos hemos dotado.
Tengo una gran confianza en el traspaso de las políticas activas de empleo que se hará efectivo el 1 de enero de 2010. No hay peor escenario que no contar con él. Puedo asegurar que no será una mercancía averiada como algunos anuncian con cierta malicia. No será un traspaso tóxico. Al contrario. Estamos desarrollando la negociación con la Administración del Estado de acuerdo a las pautas acordadas en su día en el Parlamento vasco con el apoyo de la mayoría de los grupos. El proceso avanza de forma satisfactoria y lo hacemos defendiendo el Concierto Económico y los intereses de Euskadi.
Un traspaso que nos permite diseñar un servicio vasco de empleo eficaz e innovador. Apostamos por hacer de él un paradigma; queremos que se gane rápidamente la confianza de los ciudadanos que deben recurrir a él y eso sólo se logra respondiendo con claridad e inmediatez a las expectativas. El hecho es que el traspaso nos permitirá contar con más recursos, con la posibilidad de reordenarlos, evitando duplicidades innecesarias. Especialmente en estos momentos de dura crisis sería imperdonable cualquier despilfarro.
Me obsesiona la formación y la excelencia de nuestros trabajadores. Estoy convencida de que trabajar más y mejor por parte de quienes contamos con la suerte de tener un empleo es fundamental para que otros lo tengan. Y eso pasa por mejorar nuestros estándares de calidad y de innovación, lo que no es ajeno a una formación permanente y cualificada a lo largo de la vida laboral, aun habiendo en ella espacios sin empleo. La lucha contra el paro es una lucha también contra la desocupación y la formación incentivada o remunerada de los trabajadores parte de un cada vez más competitivo mercado laboral.
Tampoco tendría excusa conformarnos con el traspaso de las políticas activas. Por eso, hemos empezado a trabajar en el de la inspección de trabajo. No sólo es una herramienta clave en la lucha contra la siniestralidad laboral. Estamos hablando de una asignatura pendiente para nuestro Gobierno y en un plazo de dos años la inspección estará transferida.
Estamos trabajando para que políticas nuevas e integradoras nos permitan hacer frente a una situación creada por los intereses de las elites financieras y que, sin embargo, pagamos todos. No somos ilusos. Conocemos nuestras limitaciones, pero también nuestras posibilidades de dar respuesta a los problemas y de contribuir a que se garanticen empleos decentes, medios y servicios que permitan desarrollar con dignidad los proyectos de vida.
Por eso la política sociolaboral vasca se encuentra en la encrucijada de cambiar, mucho más de lo hecho hasta ahora, desde un modelo asistencial a otro que acompañe a las personas en su activación para el empleo. Cada ciudadano/a vasca tiene derecho a su inserción sociolaboral, y los hasta ahora 'clientes de los servicios sociales' deben ser sobre todo 'clientes de los servicios de empleo'. La sociedad en su conjunto tiene derecho a conocer con más nitidez unas políticas que no dejan a nadie desfavorecido en la estacada, pero que les compromete a trabajar para su mejor empleabilidad o para la sociedad. Éste es también el cambio posible ante este escenario de puertas que se abren.
Hace apenas unos días, leía la reflexión de Yukio Hatoyama, el líder del Partido Demócrata de Japón que acaba de ganar las elecciones. Bajo el sugerente título 'La llave de la fraternidad' apelaba a la conveniencia de recuperar este concepto como instrumento para limitar los excesos de la globalización y recuperar las prácticas económicas locales. Valoraba en el análisis sobre la situación de su país que la responsabilidad de los políticos es volver a concentrar la atención en los valores no económicos que han sido desplazados por efecto de la globalización. «Debemos desarrollar políticas que regeneren los lazos que unen a la gente, que respeten el medio ambiente, que se enfrenten a la desigualdad», decía.
Son ítems que nos sirven y nos interesan. Otra economía es posible y también otra política social más ambiciosa es posible. Menos subsidio y más empleo. Si algo quiero enfatizar precisamente ahora es que llevar adelante las múltiples iniciativas y desarrollar sobre el terreno las novedosas leyes que nos hemos dado, como la de Garantía de Ingresos por ejemplo, debe hacerse desde la concertación. Nos conviene crear lazos que unan y, en este sentido, soy de las que creen que el diálogo social supone un ejercicio de corresponsabilidad y un compromiso con el país y con la resolución de sus problemas.
Si convenimos en que el diálogo es la piedra angular de la convivencia lo debemos poner en valor a diario en todos los ámbitos y en todas las esferas. Por eso, cuando el pasado 2 de julio arrancó en nuestra comunidad la mesa de diálogo social se abrió un camino para que los agentes sociales dejen de darse la espalda y opten por trabajar juntos. De hecho, los primeros frutos se recogieron ese mismo mes de julio con acuerdos en materia de formación de los trabajadores afectados por ERE y seguridad laboral.
Algunos interpretaron que se trataba de acuerdos modestos y otros los despreciaron directamente en público. Sin embargo, mantengo mi opinión inicial sobre su «gran alcance», porque nos permitieron marcar la senda de la confianza, que no es cosa fácil tras décadas de hostilidad. Un ámbito que nos ha permitido alumbrar y concretar el objetivo de contratar a siete mil personas sin recursos, en empleo neto.
Estoy convencida de que nuestro país tiene posibilidades, que los acercamientos entre agentes son posibles y efectivos. Sólo se precisa buena voluntad y disposición a que los intereses particulares no se conformen como árbitros de todas las decisiones. A fin de cuentas, todos estamos en el mismo barco. Y, sinceramente, no creo que nadie quiera hacerlo naufragar. Hoy son muchas las zozobras, pero, me remito al comienzo para aventurar que conseguiremos superar la tormenta si remamos juntos. Sí, lo vamos a conseguir.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak