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Opinión y Temas

Las pensiones y el Acuerdo Social y Económico

14/02/2011

Se han cumplido los pronósticos, y la atmósfera de acuerdo, políticos en el Pacto de Toledo y socioeconómicos, debe dar confianza tanto a los ciudadanos como a los mercados... y hace evidente que la batalla política partidista reunirá ahora otros ingredientes

Autor: Josu Montalbán, Diputado del PSE-EE

Fuente: DeiaDeia

EL acuerdo logrado entre el Gobierno y los agentes sociales, añadido al importante apoyo dado por los grupos parlamentarios al documento elaborado por la Comisión del Pacto de Toledo para el acuerdo de las pensiones, ha conseguido que la reforma del sistema de pensiones inicie su andadura con todas las garantías.

Las frases que introducen las recomendaciones del Pacto de Toledo han sido asumidas incluso por quienes pusieron su objetivo más allá de la configuración de un documento más o menos bello. "El respeto y el cuidado de los más débiles es el mejor índice para medir la calidad humana de una sociedad", se inicia el capítulo de Recomendaciones. Y poco después el texto afirma que "el consenso es el elemento político indispensable para crear las condiciones adecuadas entre austeridad y generosidad". Por si fuera poco, el presidente de la Comisión, el popular Juan Morano, en el momento de presentar el texto ante el Congreso afirmó: "España no es hoy, ni mucho menos, un país atrasado, muy al contrario seguimos siendo una de las economías con más posibilidades del mundo, y nuestra Seguridad Social figura entre las mejores". Se puede afirmar que fue en esta sesión plenaria del 25 de enero cuando se pusieron las bases del Acuerdo Social y Económico firmado solemnemente unos días después, aunque para ese momento el Gobierno, con el Ministro de Trabajo y el propio Zapatero a la cabeza, ya hablaban con entereza y las mejores intenciones con los agentes sociales.

La reforma del sistema de pensiones ha sido el detonante del gran acuerdo después de que los sindicatos mayoritarios convocaran una Huelga General que no consiguió el éxito que hubieran deseado, pero que alertó al gobierno y al presidente Zapatero a hacer cambios, entre ellos el del Ministro de Trabajo, que han demostrado su eficacia y han mostrado la fortaleza del presidente en medio de los ataques y las agresiones dialécticas del PP que, ¡asómbrense!, envió a sus huestes a las manifestaciones de septiembre, comandadas por el "amigo de la clase trabajadora", el siempre bruñido y reluciente González Pons. Allí, aunque por poco tiempo, pudo contrastar el susodicho la diferencia entre el cremoso bruñido de la piel de quien lo procura en la holganza (como el suyo) y el atezado tono castaño oscuro de los obreros, de quienes consiguen su morenez bajo el sol que calienta e incomoda los tajos. Más allá de la metáfora, los actos del 29 de septiembre sirvieron para que cada cual sacara sus conclusiones y, sobre todo, para que todos aceptaran que era necesario un acuerdo amplio que garantizara ante los ciudadanos el futuro. Así, la Comisión del Pacto de Toledo aceleró sus acciones, intensificó sus reuniones y aumentó su productividad con la meta instalada en el final del año 2010.

Se han cumplido los pronósticos. Se ha aprobado el texto de recomendaciones sobre la evolución del sistema de pensiones y se ha ido más allá, porque se ha logrado un Acuerdo Social y Económico que bien puede parangonarse, salvando las distancias, al acuerdo firmado en la Moncloa durante la transición. Estos acontecimientos han marcado una de las quincenas más fecundas de la actual legislatura pero, además, debe servir para mostrar a los ciudadanos que caben aún acuerdos en otras disciplinas, a pesar de la crispación imperante en la política parlamentaria, alimentada por la estrategia de la derecha española y españolista del "cuanto peor, mejor", que constituye su auténtico slogan en la consecución de votos que le puedan alzar al poder absoluto, precisamente para ejercer el absolutismo que pervive en sus entrañas.

Y bien, la atmósfera de acuerdos -políticos en el Pacto de Toledo, y socioeconómicos en el Acuerdo Social-, presenta efectos colaterales de gran importancia. Debe dar confianza -tanto a los ciudadanos como a los anónimos mercados que nos atosigan desde hace algún tiempo-, debe fortalecer a los Agentes Sociales devaluados también por la crisis y debe fortalecer tanto al Gobierno como al presidente Zapatero, que son quienes tienen la responsabilidad de desarrollar y hacer útiles los acuerdos.

Afirmación de la confianza de los ciudadanos. El marco del Pacto de Toledo ha fijado un cuadro de Recomendaciones que está basado en el humanismo. Subraya en su Recomendación Previa la defensa obligada del sistema público de reparto. Recoge un buen elenco de situaciones de colectivos que aún sufren injusticias y desigualdades, siempre proponiendo que tales deben ser resueltas favorablemente lo más pronto posible (viudedad, orfandad, sistemas aún no integrados en el régimen general...). Las Recomendaciones (21, donde antes había algunas menos) y los principios sobre los que se asientan, recogidos en las frases pronunciadas por los portavoces y contenidas en los preámbulos del documento, demuestran la firme voluntad de haber actuado con un solo y común propósito: mejorar el sistema.

Afirmación de la confianza de los mercados. Ciertamente desde la convicción de no saber muy bien el alcance de las insaciables pretensiones de los mercados, las medidas tomadas mediante los acuerdos referidos también deben dar confianza a quienes nos han amenazado con implantar medidas extraordinarias. La visita de Angela Merkel ha rubricado la bondad de las medidas adoptadas. ¿Es bueno que una líder de la derecha certifique como óptimas las medidas tomadas por un gobierno de izquierdas? El asunto se presta a interpretaciones, pero lo que está en juego es Europa y el euro como garantías de competitividad internacional.

Fortalecimiento de los Agentes Sociales. Uno de los hándicaps más flagrantes a la hora de combatir la crisis fue la debilidad de los sindicatos para doblegar o colaborar con el Gobierno, y el profundo descrédito y la mala reputación de las organizaciones empresariales, dirigidas por un hombre como Díaz Ferrán, esclavo de sus carencias y corrupciones, que le incapacitaban completamente como interlocutor. El Acuerdo Social y Económico es el inicio de una nueva etapa cuyo comienzo augura posibles éxitos y esperanzas. Las frases con que los responsables sociales han recibido el gran Acuerdo, y lo han definido, sirven para subrayar cuanto digo.

Fortalecimiento del Gobierno y del Presidente Zapatero. No es menos importante, y necesario, que el de los Agentes Sociales para afrontar los nuevos tiempos. Y no puede decirse que no haya sido impulsado por el propio Zapatero. La audacia del presidente se demostró cuando optó por situar al frente del Ministerio a Valeriano Gómez, una imagen bien vinculada a los sindicatos. Se demostró igualmente cuando alabó la figura del actual presidente de la CEOE, cuya elección aplaudió y ayudó al relevo con su aliento. Y era difícil conseguir fortalecerse después de la crispación propiciada y sembrada desde el PP, a quienes hay que pedir, más allá de la cordura, decencia para trabajar más por los españoles que por sus propios militantes e intereses. Es evidente que, a partir de ahora, la batalla política partidista reunirá otros ingredientes.

La foto de la Moncloa. El Acuerdo Social se ha firmado en la Moncloa, pero al acto no acudieron los portavoces de los partidos políticos, a excepción de los socialistas. Dado que el Acuerdo había reunido a los firmantes, rodeándoles de la solemnidad propia del lugar, los representantes de los partidos prefirieron no acudir, convencidos de que cuanto allí se iba a rubricar era bueno para todos, pero que su presencia en el acto, aún siendo razonable, daría demasiado oxígeno al Gobierno y a Zapatero.

Se trata, a partir de ahora, de acercar a los partidos a los demás artífices del Acuerdo. Como afirmó recientemente Emilio Olabarría, refiriéndose al acuerdo de la Comisión del Pacto de Toledo, que creo trasladable igualmente al Acuerdo Social y Económico, "El texto aprobado por el Gobierno es coherente con las recomendaciones del Pacto de Toledo aprobado por amplia mayoría de las fuerzas políticas, por lo que todo apunta a que ningún partido va a poder abstraerse al Acuerdo". Que el PP se haya prodigado en vacilaciones y negativas, a pesar del contenido de los acuerdos, solo denota su cicatería y el peculiar modo de entender su amor por España y los españoles.

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