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Opinión y Temas

La regionalización de los partidos nacionales y otros riesgos

12/05/2010

Los partidos políticos son los depositarios de las ideologías, y son también los depositarios de la confianza que los ciudadanos ponen en ellos en cada uno de los procesos electorales

Autor: Josu Montalbán, Diputado del PSE-EE

Fuente: Temas para el debate

En democracia los partidos políticos son también depositarios de una importante responsabilidad: su preservación y su fortalecimiento. Los partidos políticos deben ser la garantía del actual sistema de libertades y no meras máquinas de adiestramiento de voluntades o apoderamiento de votos. Quizás por todo esto la Política debe tener en cuenta su existencia y sus cualidades con el fin de que la acción de Gobierno o de Oposición no redunde en el deterioro o la destrucción de los partidos.

Digo esto porque resulta cada vez más evidente que las grandes ideologías están siendo sometidas, en el seno de los partidos, a transformaciones que en la mayoría de los casos tienden a invalidarlas o a debilitarlas. En este proceso bien poco sufren las "ideologías conservadoras" porque están basadas prioritariamente en la defensa de intereses económicos circunscritos a determinadas franjas de la población, principalmente las franjas más pudientes y poderosas. En contraposición, las "ideologías progresistas" se van devaluando a pasos agigantados porque hace ya demasiado tiempo abandonaron el socialismo para abrazar la socialdemocracia, y recelaron del Estado para acoger con satisfacción las reglas del Mercado. Entronizadas dichas reglas a las izquierdas sólo les queda, con gran esfuerzo, modificarlas pero en modo alguno sustituirlas por otras contrarias a ellas.

Del contenido de los dos párrafos anteriores se desprende que los partidos políticos tal vez no están haciendo un debido uso de cuanto se ha depositado en ellos, porque las ideologías no han evolucionado sino que, temerosas, se han retirado a las entrañas de los libros de ensayo, filosofía y tesis política; porque la confianza de los ciudadanos en los partidos va disminuyendo como consecuencia del divorcio entre ciudadanos y políticos; porque la Democracia que se desarrolla en el día a día se muestra aburrida, dejando muy escaso espacio para la participación directa de los ciudadanos en la toma de decisiones; porque el funcionamiento interno de los partidos no contempla, más que en proporciones tan reducidas como testimoniales, la elaboración de nuevas ideologías tras haber convertido en reliquias los símbolos y tesis de las antiguas.

En España el debate político y los procesos electorales que han tenido lugar durante el periodo democrático han desembocado en el actual bipartidismo, en el que un partido de derechas y otro partido progresista se disputan el Gobierno, reclamando para ello el apoyo de siete formaciones regionalistas-nacionalistas (25 diputados) y dos formaciones más de ámbito nacional que sólo cuentan con tres diputados. El hecho de que la composición del Parlamento reclame en todas las ocasiones la colaboración de grupos de ámbito regional para sacar adelante propuestas o para rechazarlas ha llevado a algunos analistas políticos a afirmar que los grandes partidos renuncian demasiado pronto a hacer valer su condición de partidos nacionales. Y bien poco importa que el PP deba recurrir a ello, lo que puede resultar preocupante es que el PSOE no haga valer dicha condición cada vez que debe establecer alguna alianza coyuntural. Peor aún, comienza a ser una constante en los debates y discusiones de salón y sobremesa, entre socialistas de diferentes lugares de España, una regionalización de las ideas y de las propuestas de cada cual.

El PSOE debe articular un sistema de funcionamiento y discernimiento que evite disputas y controversias entre socialistas de diferentes regiones. Resultó descorazonadora la división de opiniones y actitudes de los socialistas en la llamada "guerra del agua", que se mostró con la presencia de destacados socialistas, iguales en su adscripción partidista y, por ende ideológica, encabezando manifestaciones reivindicativas antagónicas. (Hubo un momento en que, en el mismo día, aragoneses, castellano-manchegos y murcianos se manifestaron reclamando la razón en el asunto, y en las tres manifestaciones hubo dirigentes socialistas en la cabeza de la marcha). Puede resultar igualmente descorazonador ver a socialistas de las regiones colindantes con Euskadi y Navarra, oponiéndose al famoso "blindaje" del Concierto Económico que, además de estar contenido en el texto constitucional, cuenta con el beneplácito y satisfacción del Gobierno Vasco (socialista) y con el voto afirmativo de todos los diputados socialistas.

No es una buena practica la regionalización del partido, de tal modo que de la impresión en mucha ocasiones de que las consecuciones de partidas presupuestarias para ejecutar obras o servicios en una provincia española, son consecuencia de la habilidad y recursos de un determinado parlamentario de dicha región, - amistad con el Ministro del ramo, pertenencia a una Comisión u otra, contraprestación por un favor anterior, etc-, que de una decisión del partido tras haber sopesado criterios más fundamentados: costos, necesidades reales, desarrollo territorial, equidad, etc... La regionalización de los partidos nacionales tiene unas consecuencias mucho más funestas para la izquierda que para la derecha, y mucho más perniciosas para quien tiene la responsabilidad de gobernar que para quien ejerce la oposición.

A falta de grandes líneas ideológicas y, quizás, de un catálogo de inquietudes, la izquierda debe preservar su unidad evitando que se produzca una regionalización, siempre perversa, que llegue a percibirse incluso en la composición territorial de los órganos directivos de la formación. Ciertamente, cabe subrayar que la valentía y resolución del Presidente Zapatero, rayana con la intrepidez en su versión más positiva, ha venido auspiciando debates nuevos e iniciativas sugerentes, -Ley de Igualdad, modificación de la Ley de IVE, Ley de Memoria Histórica, Ley de Economía Sostenible...-, que han convertido al socialismo español en la vanguardia del socialismo europeo. No me cabe ninguna duda de que el PSOE debe aferrarse a esas sugerentes ideas, sin abandonar las viejas inquietudes, doctrinas e ideas.

Regionalizar el socialismo español, no solo ole debilita en su ideología sino que le hace más ineficaz en su ardua misión de gobernar España, Europa y el Mundo. La condición más irrefutable del ideal socialista debiera ser la ausencia de fronteras: físicas y sociales.

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