La fuerza del cambio
04/03/2009
Autor: Victor Urrutia. Senador por Bizkaia
La idea del cambio, ha demostrado ser el eje más sólido de la campaña electoral a la vista de los resultados obtenidos por su impulsor, el Partido Socialista. La subida de seis escaños, siete previsiblemente cuando se computen los votos de los residentes en el extranjero y el aumento de 41.000 electores respecto de las elecciones de 2005, así lo confirman. Junto al PSE, los otros ganadores han sido el PNV con 30 escaños y 396.000 votos y Aralar que pasa de 1 a 4 escaños y aumenta en 34.000 su número de electores.
Sin embargo, la posibilidad de alcanzar la lendakaritza y de formar gobierno se hace imposible para Ibarretxe porque el PNV ha fagocitado a sus anteriores socios, Ezker Batua y Eusko Alkartasuna (con una pérdida para el conjunto del tripartido de 62.000 votos). Además, la suma de electores del PNV más EA, anterior coalición, se salda con 33.000 electores menos que en 2.005. En resumen, la suma de todos sus escaños, 32 o 33, queda muy lejos de la mayoría. Incluso, sumando los de Aralar no alcanzaría la mayoría requerida de 37 para ser elegido Lehendakari por el Parlamento.
Por lo tanto, el cambio ya no es una idea sino una realidad posible de llevarse a cabo con estos resultados así como con las manifestaciones hechas por Patxi López la noche electoral y las de Basagoiti en el sentido de apoyar su candidatura. Algo que ya era previsible en la campaña electoral y que sirvió para movilizar a la ciudadanía en favor de las dos ofertas mayoritarias: la del cambio y la de la continuidad. Ahora, a la vista de los resultados y al asumir las promesas hechas, el líder socialista ha desatado una polémica democrática, natural y que debe encararse con sentido común y responsabilidad. Una vez puesto en marcha, este proceso es imparable.
El cambio de lehendakari y de gobierno es algo consustancial en democracia. La decisión de la ciudadanía ha colocado en el Parlamento Vasco a 75 parlamentarios. Ahora, ellos, eligen con su voto al lehendakari y a su gobierno. Las normas y los procedimientos de los que nos hemos dotado son claros y si han funcionado durante 30 años funcionarán ahora también. Es fácil decirlo. Sin embargo, todos sabemos que será complejo llevarlo adelante. Porque tenemos muchas resistencias al cambio, especialmente por parte de los que llevan tantos años hegemonizando el poder.
No van a faltar presiones de todo tipo para orientar las conversaciones y negociaciones entre los diferentes partidos a lo largo de este proceso. Esperemos que no se dilate más de lo conveniente y, sobre todo, sería bueno dejar de lado aquellas voces que ponen en duda la legitimidad de nuestro sistema. Sería tanto como cuestionar lo ya decidido democráticamente y hacer caso omiso del derecho que tenemos a decidir, tan demagógicamente utilizado en los últimos años.