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Opinión y Temas

Liderazgo sin estridencias

13/04/2012

Por fin, parece que ya todo el mundo se ha dado cuenta de que la legislatura vasca terminará con toda normalidad y en el plazo establecido.

Autor: José Antonio Pastor, Portavoz del PSE-EE

Fuente: El Correo, Diario Vasco

Tanto aviso de inminentes adelantos electorales sólo ha servido para mostrar lo fuera de la realidad que estaban sus voceros. Dentro de un año, cuanto toca, los vascos volveremos a las urnas después de que se culmine un mandato no solo plenamente normal en su funcionamiento sino extraordinariamente fructífero tanto en acuerdos parlamentarios como en diálogo social y en actividad legislativa. Desde luego sin comparación posible con las anteriores legislaturas.

Se dijo desde el principio que el Gobierno del Lehendakari López había traído la revolución de la normalidad y es bien cierto. Este país, acostumbrado al permanente sobresalto y al cuestionamiento cotidiano de sus propias instituciones, a veces asombrosamente impulsado desde ellas mismas, se encontró de pronto con un liderazgo democrático y leal, firme en la defensa de la legitimidad democrática, que no permitió la utilización de la calle para jalear a los terroristas y, sobre todo, que cambió la agenda política de Euskadi para poner el foco en los problemas que tenemos y no en los que imaginamos.

Fruto de esa forma de liderazgo serio, sin estridencias pero incomparablemente más sano y eficaz, hoy Euskadi se ha visto libre de ETA, de la principal amenaza contra la libertad de los vascos y estamos, por tanto, en condiciones de empezar a cerrar el peor capítulo de nuestra historia. No va a ser una tarea nada fácil y consciente de eso el Lehendakari tomó la iniciativa para impulsar inmediatamente en el Parlamento, donde corresponde, un paquete de iniciativas sobre memoria y convivencia que hagan irreversible el final del terrorismo y que consoliden la libertad y la convivencia en Euskadi. Porque cómo se cierre esta página negra de la historia de Euskadi resulta absolutamente fundamental para que nunca más se repita.

Puede que quienes confunden el liderazgo político con la tensión y la alharaca permanentes, no sepan entender que el Lehendakari López valore tanto la consecución de un amplísimo acuerdo parlamentario; y que no le importe si se logra en una semana o en la siguiente, como ha ocurrido con la ponencia sobre paz y convivencia, pero la realidad es que un líder no es el que arrastra con pasión a los propios, sino el que empuja con inteligencia y respeto a todos.

Así ha actuado el Lehendakari en materia de paz y convivencia, desde luego, pero también en otros aspectos muy importantes para Euskadi y su futuro, sobre todo en medio de esta crisis. Porque tantos años de tensión política y tanto agravio por reivindicar habían conseguido distraernos de cosas enormemente importantes; como, por ejemplo, nuestra propia estructura política y fiscal, tan compleja y tan amiga de duplicar gastos. Hasta que el Lehendakari López empezó a hablar de ineficiencias y duplicidades y, con toda tranquilidad, pero sin tabúes,  puso en la agenda política vasca un asunto crucial de nuestro entramado institucional que va a estar sobre la mesa hasta que se aborde con claridad y decisión.

Liderazgo es superar la confrontación e impulsar decididamente el diálogo social. Y eso es lo que ha hecho el Lehendakari, con el resultado de un plan de empleo dotado con 320 millones de euros. Liderazgo es promover el acuerdo con Kutxabank para que las empresas vascas dispongan de 2.180 millones de euros en avales. Liderazgo es refundar las prestaciones sociales, elevándolas en cuantía y beneficiarios como nunca hasta ahora, pero vinculándolas a una gestión integrada con los servicios de empleo. Liderazgo es adoptar una estrategia sanitaria adaptada a las necesidades de una sociedad como la nuestra, que envejece en general con buena salud, pero que envejece.

Desde hace unos meses se escuchan voces en Europa que apuntan a la necesidad de ofrecer estímulos a la economía, y no solo recortes, para poder salir antes y mejor de la crisis. Justo lo que el Lehendakari y su Gobierno vienen haciendo desde el principio de la legislatura, cuando se descubrió la faceta vasca de la crisis ocultada hasta entonces. También en esto el Gobierno de López ha sido pionero, defendiendo que se pueden acometer las dificultades actuales sin desmantelar servicios públicos: mejorando la gestión, eliminando ineficiencias, respetando el dinero de los contribuyentes, racionalizando el gasto, pero también apuntando a los ingresos, para lo que es preciso el acuerdo con las instituciones forales. El lehendakari ya ha dado pasos abriendo también ese debate sobre la fiscalidad vasca.

Estos días hemos asistido al regreso del espectáculo de la dura y ruidosa competición para ver qué parte del nacionalismo es la que mejor nos defiende contra los problemas que los vascos no tenemos. Como torna la cigüeña de Machado al campanario, vuelven a las tribunas los discursos encendidos y las propuestas de nuevos estatus políticos, volvemos a oír hablar, desde regiones e islas remotas, del advenimiento de tiempos históricos, de ver cómo imponer por las buenas lo que ETA no pudo por las malas. Me temo que la eterna pelea por la hegemonía y la legitimación nacionalista, que tanto les preocupa a ellos y tan poco a la sociedad vasca, va a volver a ser la cantinela con las que nos van a seguir atizando durante nada menos que un año. Distinto puntos de cocción para el mismo ingrediente principal: la independencia, la ruptura de la sociedad vasca, el enfrentamiento interno  y la exclusión de la mayoría de los vascos. Sería aburrido si no fuese tan grave.

Mientras tanto hay un Gobierno Vasco, presidido por un Lehendakari socialista, que se está dejando las pestañas, trabajando con seriedad y sin estruendo para que Euskadi mantenga los niveles de bienestar y salga de la crisis mejor preparada para tiempos que seguramente ya no serán como los que conocimos. La honestidad, el esfuerzo y la conciencia de las dificultades que atravesamos son las bases sobre las que el Lehendakari López está ejerciendo un liderazgo en Euskadi tan indiscutible como diferente a aquellos a los que estábamos acostumbrados, tal vez por eso hay a quienes les cuesta reconocerlo.

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