Autor: Oscar Rodríguez. Parlamentario Vasco y Secretario General del Grupo Socialistas Vascos-Euskal Sozialistak
Fuente: El Correo
Euskadi es acuerdo
Por mucho que persistan quienes aún hoy se empeñan en enfrentar a las grandes almas de Euskadi, a los grupos de identidades que representan autonomistas y vasco-españoles frente a nacionalistas o abertzales, aquí no existe un enfrentamiento entre vascos y españoles, sino una contienda entre vascos. Una contienda entre vascos que piensan de una manera frente a vascos que piensan de otra forma.
Esta contienda es denominada por algunos como la de la normalización política, y la vinculan al reconocimiento del derecho a decidir o a la autodeterminación. Para los socialistas, y para cientos de miles de vascas y vascos, la normalización en Euskadi es sencillamente la ausencia de terrorismo, la posibilidad real de que cada cual pueda defender su proyecto (democrático) sin recurrir a la violencia.
Porque esta contienda podría ser como la que se da en cualquier otra región, país o sociedad multiidentitaria, de no estar atravesada por la violencia. Y es que ETA y sus satélites no asumieron el proceso constituyente y, además, lo combatieron activamente a través de la violencia o justificando su ejercicio. Y lo cierto es que jamás han aceptado las ofertas de la democracia para la paz, que no han sido pocas.
Sin embargo, el nacionalismo democrático vasco se engancha al proceso votando sí al Estatuto de Autonomía. De forma que, como autonomistas vascos, podemos discutir de todo y asumir compromisos políticos de futuro con éstos últimos. Lo hemos hecho hasta el momento -pues con ellos pactamos las normas básicas que organizan hoy la convivencia- y es nuestra intención seguirlo haciendo en el futuro.
Euskadi es pues fruto del acuerdo, ni de las pistolas, ni de ninguna identidad que se haya impuesto sobre otras. Surgió como realidad política y jurídica del pacto, y seguirá existiendo en la medida en que preservemos y ensanchemos sus bases.
Euskadi existe hoy porque en varios momentos históricos así lo quisimos y acordamos. En 1878 se produce el primer gran encuentro entre diversas sensibilidades - la liberal y la tradicionalista, en aquel caso-, con un arreglo que propicia el encaje del Concierto Económico en el marco de una constitución liberal. En 1936 se gestó y aprobó el primer estatuto, gracias básicamente al acuerdo entre el nacionalismo de Aguirre y el socialismo de Prieto. Y también gracias al acuerdo entre vascos que pensaban y piensan de distinta forma, hace 30 años nació el Estatuto de Gernika que culminó un triple pacto: entre vascos, entre territorios vascos, y entre las instituciones vascas y el conjunto de España.
Estos tres momentos históricos demuestran que la sociedad vasca se constituye como sujeto político y avanza sólo cuando es capaz de reconocerse, para después respetarse y finalmente pactar.
Y esa Euskadi, la del pacto desde el respeto a la diversidad de sentimientos de pertenencia y de identidades, es la que queremos recuperar tras varios años de desencuentros profundos provocados por una política de frentes. Una política en la que todos tendremos nuestra parte de culpa, pero de la que cuyo principal exponente en Euskadi fue su máximo responsable institucional en la última década.
Creo que Euskadi ha vivido los últimos años sometida a una extraordinaria presión identitaria ejercida desde las instituciones legítimamente gobernadas por el nacionalismo. Y creo sinceramente que la ciudadanía vasca está saturada de la discusión sobre la identidad (¡ni que sólo hubiese una!) y de la tensión que, provocada o no por los partidos políticos, le ha tocado vivir. Precisamente por eso, no queremos hacer de nuestro marco de autogobierno y de nuestra identidad el centro del debate público.
Eso no impide que pensemos que Euskadi necesita un acuerdo estatutario reforzado y un desarrollo del autogobierno también hacia adentro, para ordenar y hacer más eficaz y más útil la acción de nuestro complejo entramado institucional. Y por eso, siempre que haya un amplio consenso para ello, nuestra alternativa para el acuerdo es reformar el Estatuto Gernika con todos y con el máximo de autonomía dentro del Estado.
Estoy convencido de que con el nuevo tiempo que ahora se abre, y también gracias al acuerdo entre diferentes, seremos capaces de sacar adelante esa renovación de nuestro marco básico de convivencia en los próximos años.
Queremos recuperar la Euskadi estatutaria en la que siempre hemos estado quienes hoy tenemos la responsabilidad de dirigir el Gobierno vasco, gracias a un acuerdo político firmado con el Partido Popular del País Vasco. Un acuerdo que garantiza la estabilidad del nuevo Ejecutivo en los asuntos básicos, pero que no está cerrado absolutamente a nadie y que, desde luego, no condena al PSE-EE a no pactar con ninguna otra formación. Y menos si se trata de un asunto de país.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak