PSE-EE PSOE Socialistas Vascos, Euskal Sozialistak

El Desprecio

21/04/2009

Autor: María Maizkurrena

Fuente: El CorreoEl Correo

Hay que estar atentos al desprecio, pues es un veneno que corroe la convivencia y mina el temple democrático de una sociedad. También las sales de la arena de playa corroen el hierro, a pesar de lo cual algunos constructores son capaces de usar esta arena en el cemento con el que levantan los edificios que luego venderán tranquilamente. Hay que vigilar el desprecio, su caudal y sus flujos. ¿De dónde sale? ¿Por qué caminos, previstos o imprevistos, fluye? ¿Hay desprecio o no lo hay en las siguientes palabras de Andoni Ortuzar: «Vamos a hacer una oposición constructiva que va a intentar poner protecciones para que entre estos dos no se carguen el autogobierno» El desprecio forma parte de la panoplia de valores que ciertas personas y grupos ponen en práctica cada día, aunque sea un valor negativo, un valor antimoral, feo y disolvente. Es la consecuencia del poder que se acumula a un lado sin límites o con tan pocas limitaciones que ignora y ningunea al otro lado, a los otros lados, y cuando no puede 'ningunear' en la primera y más neta acepción del término (según la Real Academia «no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración») entonces lo 'ningunea' en su segunda acepción («menospreciar a una persona»). Hay que estar atentos al desprecio, pues, en esta sociedad del conocimiento y la información que ya ha comenzado, aporta una información valiosa. Un frío desprecio práctico vuelve invisibles a todos los que carecen de poder junto a todos los procesos económicos que no han sido o no pueden ser incorporados al mercado. Un gran desprecio activo circula por diferentes espacios de la política en una sociedad que a veces confunde la política con la publicidad, que a menudo pone la propaganda en el lugar del conocimiento. El exceso de cinismo puede salirnos caro, pero a corto plazo es rentable para los intereses de quienes lo practican. Dice Daniel Innerarity que «los discursos ya no se realizan para discutir con el adversario o tratar de convencerlo, sino que adquieren un carácter plebiscitario, de legitimación ante el público». Y no sólo eso, sino que el adversario, que debería merecer un interés y un respeto, está siempre disponible para convertirlo en el enemigo despreciable contra el que unir fuerzas en la demagogia. El desprecio se combate con inteligencia, con estima y autoestima, con unidad en el respeto y el bien hacer. Y con contenido. Pues los tiempos del medio como mensaje tocan a su fin.
Socialistas Vascos / Euskal Socialistak