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Construir convivencia, tarea pendiente

23/02/2011

Su sueño, un país plural en libertad. Su trabajo, construir la convivencia. Y su legado aún está sin cerrar. Lo tenemos cada día más cerca, pero todavía no es una realidad. A Fernando Buesa no le dejaron acabar su tarea.

Egilea: Natalia Rojo, Parlamentaria del PSE-EE

Jatorria: El CorreoEl Correo

Le mataron quienes no aceptan la pluralidad, y quienes trabajaban por destruir la convivencia. Pero no pudieron con su obsesión de ver una Euskadi en paz y en libertad. El camino: seguir construyendo la Euskadi donde todos tuviéramos cabida. «Un país en el que los sentimientos de identidad nacional o cultural no resulten ser categorías políticas, porque todos pueden expresar los suyos con libertad. Un país en el que la única categoría pública que confiere derechos y obligaciones sea la ciudadanía, que no distingue ni discrimina a nadie por razón de sexo, raza, religión, opiniones políticas, identidades nacionales o culturales, ni sentimientos».

El entrecomillado es el mensaje que la Fundación Fernando Buesa Fundazioa ha elegido este año para recordar el 22 de febrero del año 2000, lo que ocurrió esa fría tarde en el campus universitario de Vitoria y que marcó el devenir de la vida política y social del País Vasco. También se busca la reflexión de lo que pasó ese día, y por qué ocurrió, qué había ocurrido antes, y todo lo que sucedió después.

Esas palabras forman parte de uno de esos discursos que hizo de Fernando Buesa. El político al que se recuerda como uno de los mejores oradores en nuestra democracia. Discursos bien armados, en la gramática, en la expresión, y en el contenido. Cargados de valores y de principios universales sobre los que construía la propuesta socialista. Y, por tanto, discursos perdurables en el tiempo.

En concreto, este lo pronunció en verano del 99. En uno de esos momentos de espejismo en el que todos quisimos creer que la paz llegaría pronto. Que los terroristas desistirían de su trayectoria de horror. Vivíamos una tregua de ETA. Y la izquierda abertzale se había comprometido con las vías exclusivamente pacíficas y democráticas. Lo había hecho tras llegar a un pacto con otros nacionalistas que excluía expresamente a quienes no eran nacionalistas. Hubo quien creyó en las 'buenas intenciones', aunque el coste fuera tan alto. Hubo quien vio en Lizarra, con la acumulación de fuerzas nacionalistas para lograr sus objetivos de parte, el camino para lograr el desistimiento de ETA.

Pero los hechos han demostrado que no. Que satisfacer las aspiraciones políticas que querían imponer los terroristas no podía ser en ningún caso el recorrido. Lo era el que defendía Fernando Buesa. El de ganar en pluralidad y en convivencia. El de la ciudadanía. El de garantizar la libertad de todos, piensen como piensen.

Porque una paz sin libertad, una 'ausencia de violencia' sin garantías para quienes tienen otro proyecto político, sencillamente, no es paz.

Y decía que Buesa dejó un legado, aún pendiente de cerrar. Un legado asumido por el Gobierno de Patxi López.

Quitando espacio en las calles a quienes defienden el terrorismo y devolviéndoselo a los ciudadanos, sin importar la ideología que defienden. Poniendo a la ciudadanía en el centro de la agenda política, y no las pretensiones de una parte de la sociedad. Reforzando en las aulas la educación en convivencia y deslegitimando el terrorismo.

Atendiendo a las víctimas del terrorismo y dejando que de los violentos se ocupen la policía y los jueces.

Gracias a eso. Gracias al recorrido, a la convicción de quienes fueron asesinados, a la entereza y generosidad de unas víctimas que nunca acudieron a la revancha, gracias a la confianza en las instituciones y en los instrumentos del Estado de derecho, el espacio de los terroristas se ha achicado. Y quienes durante tantos años aplaudieron, respaldaron, acompañaron o, simplemente, callaron incluso cuando asesinaban a compañeros de escaño en el Parlamento, hoy empiezan a decir lo que todos venimos clamando: que no es admisible la violencia para el ejercicio de la política, y que quienes defiendan esa vía, sencillamente, quedan al margen del proyecto político.

Esto es lo que empiezan a decir. Empiezan solo, pero arrancan. Quisiéramos alegrarnos más. Quisiéramos ser más crédulos. Pero dejamos por el camino, a fuerza de tiros y bombas, muchas toneladas de fe. Este mes de febrero, tan doloroso para los socialistas, nos pesan tanto las ausencias que no podemos ir más allá. Nuestro pensamiento está dedicado a la memoria de quienes como Fernando Buesa proclamaban que Euskadi la hacemos todos. Tan sencillo como eso. Quienes ahora se acercan a la democracia deberán reconocer, más temprano que tarde, la inutilidad política de su actuación en estos años, el dolor de tanta gente que aún no entiende por qué mataron a sus seres queridos. Y la gran pérdida para la sociedad, también para ellos, de gente como Fernando Buesa.

Lo acabarán entendiendo, y lo acabarán reconociendo. Quienes estamos en esa convicción firme en la pluralidad de Euskadi, quienes estamos en política porque compartimos los principios y los valores que defendió Fernando, quienes apoyamos a un Gobierno vasco que ha puesto en práctica esos mismos principios y valores, estamos obligados a culminar la tarea pendiente. La que en ese mes de julio, unos meses antes de ser asesinado, expresaba Buesa: «Hay que construir país, convivencia en paz y libertad, respeto por el pluralismo social y cultural. Construir convivencia, un país para todos».

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