Autor: Javier Lasarte | Diputado por Alava | Ponente de la Ley
Fuente: Revista “Empresa Siglo XXI”
A principios de los años 80, la inversión en I+D en España rondaba el 0,3% de nuestro PIB. En estos momentos alcanza el 1,35%. Aún nos queda por hacer un esfuerzo de convergencia para alcanzar la media europea que se encuentra en el 1,9%, y España lo está haciendo.
En el año 2000 la inversión total en I+D en España era del 0,91% del PIB, frente al 1,85% en Europa. Es decir, en España hemos avanzado en 0,45 puntos de PIB en la última década, mientras Europa lo ha hecho en sólo 0,05 puntos, y la voluntad del Gobierno socialista es continuar en esta senda de convergencia, manteniendo la prioridad del gasto público en I+D dentro de un marco presupuestario en el Estado de gran austeridad.
El Presidente de COTEC en su última Asamblea, celebrada el 22 de junio, proponía diez grandes retos para la competitividad en España. Me parece muy importante recordarlos: mejorar la educación; lograr que la sociedad aprecie que los empresarios asuman los riesgos de la innovación; evitar que leyes, fiscalidad y regulación obstaculicen la innovación; atraer el talento y la inversión extranjera; conseguir que la Universidad se implique en la solución de los problemas de su entorno; hacer conscientes a las empresas de la necesidad de crear valor; implicar a la financiación privada en la innovación; preparar a las Pymes para el mercado global; aprovechar el mercado de las grandes empresas y de la Administración como tractores tecnológicos, y lograr que las Pymes encuentren una amplia oferta de servicios para la innovación.
El Gobierno socialista, con el Proyecto de Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, que está siendo tramitado en el Congreso, quiere ayudar a dar respuesta a esos nuevos retos, y lo complementa, en su apuesta por la innovación como herramienta de mejora de la competitividad y la productividad de nuestro tejido económico, con medidas incluidas en el proyecto de Ley de Economía Sostenible, que afectan principalmente al ámbito de la fiscalidad -incrementando las deducciones fiscales- y la propiedad intelectual, y con la Estrategia Estatal de Innovación.
Renegando de la máxima ignaciana de no hacer cambios en tiempos de turbulencias, nos toca precisamente hacer grandes transformaciones en estos momentos de incertidumbre y zozobra económica, y aprovechar las nuevas oportunidades que se nos ofrecen a nuestra sociedad y a nuestra economía para construir las bases del futuro y poner en marcha un nuevo modelo productivo, más competitivo, productivo, y exitoso cara a la competencia internacional. Y para ello la innovación es clave.
Tenemos como objetivo situar a nuestro país en 2015 como una potencia mundial en términos de innovación, como ya lo es por el tamaño de su economía y de su sistema científico, y para lograrlo es necesario el esfuerzo de las Administraciones Públicas y del Sistema Español de Ciencia y Tecnología, en su conjunto, pero es imprescindible también una mayor implicación empresarial, que aumente la inversión privada dedicada a la investigación, al desarrollo y a la innovación, porque continúa invirtiendo muy por debajo de la media europea.
Sin más ciencia y más innovación, ninguna economía europea podrá conservar sus actuales liderazgos y mucho menos aspirar a mejorar su posición en el concierto internacional. Debemos por tanto intensificar el esfuerzo para fomentar la ciencia de excelencia y la innovación empresarial, y rentabilizar social y económicamente nuestras capacidades en la generación de talento y de conocimiento. Es un esfuerzo colectivo que merece la pena.
