Egilea: Mikel Torres, Secretario de Coordinación del PSE-EE y Alcalde de Portugalete
Jatorria: El Correo
Teniendo en cuenta los serios asuntos que se tratan en esas páginas, lo escrito fue una sorpresa. En el texto sólo se encuentran excesos en forma de simples (y simplistas) descalificaciones hacia mi persona, a quien ponía en la diana como «mirlo blanco» del PSE.
Es cierto que la edad biológica es imparable y que, como el señor Anasagasti constataba, en eso ya hay una brecha entre los dos. Aunque da la impresión de que los años -y seguramente el alejamiento de los centros de decisión del PNV- han acentuando su inclinación a intentar llamar la atención como vetusto 'enfant terrible' del nacionalismo.
Para no caer en el vicio del fulanismo que le es tan querido, voy a centrarme en el espíritu político que impulsaba y respiraba su escrito. Todo él estaba impregnado del concepto patrimonial de lo vasco y de Euskadi que el nacionalismo en general, y el PNV en particular, se ha construido desde sus orígenes y ha tratado de instalar como dogma en sus treinta años de gobierno.
Parece que el señor Anasagasti se resiste a aceptar que eso se acabó. Que ya no tiene sello -no lo tuvo nunca, aunque se lo apropió- para certificar quién es buen vasco y quién no, si el obispo de turno reúne los requisitos que él se salta (¿por ser también loro viejo?), cuáles son los intereses de los ciudadanos de este país o qué interpretación de la autonomía es la canónica. Pues le conviene ir haciéndose a la idea, porque los usos y costumbres del califato peneuvista ya han dejado de tener aplicación en Euskadi.
La expresión más gráfica de esa concepción patrimonial está en la actitud de su partido ante la negociación por el Gobierno vasco de las políticas activas de empleo, que el PNV en algunos momentos ha querido convertir en políticas cautivas. Lo cierto es que si el lehendakari Patxi López se puso como objetivo desde el primer día de su mandato traer a Euskadi esta competencia no fue por poner en evidencia la ineptitud o la interesada cerrazón negociadora del partido antecesor. (Todas las demás comunidades, incluida Navarra con su Convenio Económico, ya la tienen).Lo hizo porque tenía el firme convencimiento de que a través del diálogo y del acuerdo, y ateniéndose con total exigencia al Estatuto y a la interpretación que estableció el Parlamento vasco en su resolución de 2005, se podía desbloquear una transferencia de la que se van a beneficiar miles de ciudadanos y ciudadanas vascas que no tienen empleo, y que con esa herramienta van a ver mejoradas su formación y sus condiciones de empleabilidad futuras.
Ésa fue y sigue siendo la única razón y guía del Gobierno vasco en las negociaciones sobre esta materia con el Ejecutivo central. Los socialistas vascos no somos maquiavélicos, ni utilizamos las instituciones para hacer política de enfrentamiento entre Euskadi y Madrid. Y esto es lo que parece que ha molestado a Anasagasti o, mejor dicho, le da miedo. Le preocupa que, de una vez por todas, el lehendakari sea una persona que piense en gobernar y no en crear querellas estériles. Como no puede reconocerlo, la disculpa del PNV es como siempre el dinero: que va a venir «mercancía averiada» y que ellos quieren la transferencia «inmaculada». Ahora certifican también la virginidad de las competencias que no quisieron o no supieron conseguir.
Tan rigurosamente estatutaria es la interpretación que el Ejecutivo vasco ha defendido en la negociación de las políticas activas casi cerrada con el Gobierno central como la mantenida durante tres décadas con su partido. ¿O es que acaso no significa nada la remisión que la Disposición Adicional Quinta del Estatuto hace al «carácter unitario» de la Seguridad Social y al «respeto al principio de solidaridad» entre comunidades? Mientras las bonificaciones a la contratación se financien con la reducción de las cuotas empresariales a la Seguridad Social, tendrá que admitir el señor Anasagasti que supone una dificultad objetiva a la pretensión histórica y estéril del PNV. Con el agravante de que, pretendiendo una mayor cantidad (un mero apunte contable, porque ese dinero sería para ingresar directamente en la Tesorería de la SS), se han perdido durante años cientos de millones que, éstos sí, pudieron dedicarse a desarrollar con los parados vascos unas políticas de empleo novedosas y eficaces.
Soy de los que piensan que, si el problema para la transferencia de las políticas activas de empleo es una cantidad económica, seguro que hay un recorrido para la negociación y el acuerdo, y que no puede ser, como usted reclama, el todo o nada; no puede ser el bloqueo y el chantaje. No puede ser el aquí mando yo, aunque no gobierne.
Esos tiempos han pasado, señor Anasagasti, y se corresponden a esa vieja forma de hacer política que a usted tanto parece gustarle. Yo prefiero dialogar y llegar a acuerdos; lo mismo que los socialistas vascos, lo mismo que el lehendakari. Si para que los ciudadanos vascos obtengan estas políticas activas de empleo todos tenemos que ceder algo, los socialistas seremos los primeros en aceptarlo, porque pensamos en aquéllos que se van a beneficiar de su desarrollo, los que menos tienen o simplemente no tienen nada. Al contrario que usted, que con su partido al frente parece pensar primero en su beneficio político, segundo en desprestigiar al lehendakari y, tercero, en intentar asentar la ficción de que 'aquí seguimos mandando los de siempre'.
Termino por el principio. Comprendo que, después de tantos años, resulta difícil desprenderse del vicio de conceder graciosamente certificados de vasquidad, como hacía el señor Anasagasti en su artículo, pero le recomiendo que lo intente.
Primero, porque como ciudadano vasco y socialista vasco no se le consiento. Y después por su propia salud. La física y la democrática.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak