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Iritziak eta Gaiak

Cambio

16/01/2009

Cambio

Egilea: Victor Urrutia, es Senador por Bizkaia

Jatorria: Herri Irratia Loyola Media

CAMBIO

Corren sondeos de cambio. Por lo que vamos conociendo (el Euskobarómetro de la UPV/EHU, el Sociómetro del Gobierno Vasco, la empresa NC Report de algunos medios de comunicación y otros sondeos no publicados pero conocidos) todo apunta a que el PSE mantiene la pulsión de cambio de las generales y que, el empate en intención de voto y de escaños con el PNV puede dar un vuelco a la correlación de fuerzas políticas en el Parlamento Vasco el día uno de marzo.

Si a esto añadimos que la enésima marca de Batasuna, D3M (Democracia 3 millones), no sea autorizada a participar en la contienda electoral (ayer mismo lo dijo Ione Goiricelaya), las probabilidades de ese vuelco son muy altas.

Pero hay más: los burukides del PNV que han hablado últimamente (Erkoreka, Bilbao y Ortúzar) reconocen implícitamente esta situación. También los del PP. Unos dicen que el PSE ya tiene un acuerdo con el PP. Estos, los del PP, dicen que el PSE ya se ha plegado al PNV y que se avecina un gobierno de coalición con los nacionalistas. Los de la nueva marca también dicen que el auténtico cambio son ellos. Y, como guinda final, Ibarretxe, aunque mantiene una aceptación significativa, va cayendo en su valoración desde hace meses y ya hay casi un 50% de la ciudadanía que prefiere que se vaya.

En resumen, aunque a algunos no les guste su sentido, nadie cuestiona el cambio. Pero, al margen de los sondeos y de las opiniones interesadas, ¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Por qué ha cristalizado esta idea? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

En primer lugar, están los hechos, el desgaste electoral que se viene produciendo desde las últimas elecciones: en las autonómicas de 2005 la pérdida para la coalición PNV/EA fue de 136.000 votos, en las forales de 2007 la pérdida fue de 120.000 y en las generales de 2008 casi 150.000. En segundo lugar está la imagen de división del nacionalismo en su conjunto: la confrontación interna del PNV entre soberanistas y autonomistas, la ruptura de la coalición electoral entre EA y el PNV y finalmente, la contumacia de aquellos que reclaman la democracia y, simultáneamente, jalean o no condenan a quienes asesinan a los que no piensan como ellos.

Las consecuencias sociales están a la vista: la existencia de una desmovilización muy notable entre las filas del nacionalismo oficial, la penetración social del hartazgo y el consiguiente rechazo de la noria eterna de los violentos y de los que los apoyan. Políticamente esto se traduce en una ocupación de la centralidad electoral por parte del PSE y por ello, no es de extrañar que, en esta ocasión, la diferencia de votos obtenidos por el PSE entre las últimas elecciones generales y las próximas autonómicas sea bastante menor que en otras ocasiones y que, finalmente, pueda conseguir el cambio.
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