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Iritziak eta Gaiak

"Añorando Lizarra otra vez"

14/10/2010

Escribo alarmado después de leer unas declaraciones en el acto de presentación de Batu Gaitezen (Unámonos) de Markel Olano: «Estamos en un momento parejo a Lizarra de colaboración entre abertzales».

Egilea: Txiki Benegas, diputado del PSE-EE

Jatorria: Diario VascoDiario Vasco

 

Sinceramente pienso, y a la vez me duele, que el PNV puede tener alguna añoranza por Lizarra, un acuerdo que tuvo un alto coste para la democracia y para el propio PNV. Este partido optó inexplicablemente por un frente abertzale tutelado por ETA, eso fue Lizarra. Abruptamente, sin saber exactamente por qué, los tutores rompieron aquel acuerdo y pusieron en marcha su maquinaria infernal de muerte. Fue una etapa muy dura para los demócratas y desde luego para los socialistas vascos.

Markel Olano debería ser consciente de que, en lo que a los socialistas nos afecta, roto el llamado Pacto de Lizarra, fueron asesinados Fernando Buesa, José Luis López de la Calle, Juan María Jáuregui , Ernest Lluch, Froilán Elespe, Juan Priede y más adelante Joseba Pagazaurtundúa e Isaías Carrasco, vascos todos ellos como el que más. En la sociedad vasca, después de lo que hemos vivido, hay una cierta incapacidad por parte de determinados sectores del nacionalismo para asumir el sufrimiento y el dolor que una parte de los vascos hemos padecido como consecuencia de la persecución de ETA. Parece como si el no ser objetivo de la banda impidiese también entender que la democracia no ha sido plena para un sector importante de la sociedad vasca. El post Lizarra fue tremendo.

Me quedo perplejo también cuando veo que el PNV secunda una manifestación 'por las libertades civiles y los derechos humanos', en la que entre otras lindezas, además de gritos de apoyo a ETA, se acusa a los socialistas y al PP de «bloquear el proceso de paz». Estamos ante una esquizofrenia total. Las víctimas somos los culpables, al parecer, de que no avance el llamado 'proceso de paz'. Tenemos que mover ficha los que no hemos hecho más que combatir por la libertad, enterrar a los compañeros asesinados y acompañar en su dolor al resto de las víctimas del terrorismo. Hemos intentado la vía del diálogo hasta la saciedad, comprobando una y otra vez de forma dramática, incluso para los que la defendimos, que no es posible porque no se busca un final de la violencia sino que se pretende, bajo la idea de la existencia de un 'conflicto', utilizar la paz para imponer un proyecto minoritario que ha sido defendido con violencia, y que un Estado democrático no puede aceptar.

Creía que íbamos por el buen camino cuando todos los partidos democráticos hemos coincidido en considerar insuficientes las declaraciones de Batasuna y los comunicados de ETA, y en exigir a ésta su disolución. ¿Cuál es la ficha que hay que mover? ¿La legalización de Batasuna sin un claro compromiso de rechazo de la violencia? Todavía recordamos a la alcaldesa de Mondragón (ANV), incapaz de condenar el asesinato de un ex concejal de su municipio, Isaías Carrasco. ¿Reabrir un proceso de diálogo con ETA sin que haya abandonado definitivamente las armas? No creo que sea correcto exigir al Estado democrático que reinicie caminos inseguros y ya probados en relación con el objetivo de acabar con la violencia en la sociedad vasca. ¿Cuál es entonces el bloqueo que se nos imputa?

La presión sobre Batasuna, en la dirección de que sin violencia de ETA o rechazándola se podrán incorporar a la legalidad democrática, creo que es el camino correcto y además parece que coincide con la propia voluntad de Batasuna. Lo que ocurre es que ETA no da el paso definitivo hacia su final, como hizo el IRA -aquí se produce el bloqueo-, ni Batasuna acaba de distanciarse definitivamente de ETA. En ésas estamos.


Creo que íbamos bien hasta que llegó la confusión del fin de semana del 2 de octubre. Aunemos esfuerzos en el objetivo compartido, que no es otro que conseguir el final de ETA.

Un escenario sin violencia nos permitirá a todos los vascos vivir una democracia plena, en la que todas las opciones puedan ser defendidas y las mayorías sociales se valoren, no por interpretaciones subjetivas como habitualmente se hace, sino por el apoyo obtenido en las urnas.

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