Egilea: Txiki Benegas, Diputado socialista
Jatorria: El Correo
El senador Iñaki Anasagasti escribió un artículo titulado 'Nos habría dejado descolocados' (EL CORREO, 22-4-10), lamentando que al último Aberri Eguna (día de la patria vasca) no haya asistido el lehendakari Patxi López, que con seguridad habría sido recibido con vítores y aplausos por los miles de militantes del PNV convocados al acto. Me sorprende la ingenuidad política del senador, que al parecer piensa que en la actualidad es posible que un lehendakari socialista pueda acudir a un acto con connotaciones claramente nacionalistas sin graves tensiones.
Dejando esta candorosa malicia de lado, comenzaré esta reflexión señalando que no sabría decidir cuál es el día más adecuado para celebrar el 'día de la patria vasca', porque mi primera pregunta consistiría en preguntarnos: ¿Debe existir un día de la patria? ¿Es el concepto patria unívoco en el sentido de poder suscitar unanimidades en torno al mismo? ¿Mi patria es mi tierra donde no elegí nacer, mi infancia, mis recuerdos, mis sentimientos? ¿Es Europa, el mundo, el sufrimiento de los seres humanos? ¿Se puede tener más de una patria en el corazón? Deberíamos avanzar en la idea de que si instituimos un día de los vascos, el concepto no debería ser el de patria, sino el de la conmemoración de algún acontecimiento que haya sido significativo, trascendente, importante para nuestro pueblo.
Desde esta perspectiva, el Aberri Eguna, mereciendo todos los respetos, ha sido en sus orígenes la fiesta de un partido, aunque esta afirmación requiera matizaciones. ¿Por qué o cuál es la razón de que el 'día de la patria vasca' deba ser el Domingo de Resurrección? ¿Cuál ha sido el acontecimiento que marca la historia del pueblo vasco y que sucede un Domingo de Resurrección? No se sabe. La tradición nacionalista sostiene que es el día en que, en una conversación entre los hermanos Arana, Luis convence a Sabino de que ser vizcaíno es incompatible con ser español. Corrobora esta versión el testimonio del propio Sabino, que en uno de sus escritos señala: «Pero el Domingo de Resurrección de 1882 ¡bendito día en que conocí a mi patria!». El primer Aberri Eguna lo convocó el PNV en solitario el 27 de marzo de 1932 en Bilbao, llamando a una manifestación que partió del Sagrado Corazón para finalizar en la casa natal de Sabino Arana. Por tanto, su origen fue un acto de partido, no de todas las fuerzas políticas ni del pueblo vasco.
Es cierto que durante la dictadura el Gobierno vasco en el exilio, en el que participábamos los socialistas junto al PNV, ANV e Izquierda Republicana, convocó actos unitarios en conmemoración del Aberri Eguna. Tan cierto como que el Aberri Eguna de 1972 fue convocado en Bayona con asistencia del PNV-EGI, ELA-STV, ETA y Enbata. Resulta obvio que los socialistas ni fuimos convocados ni habríamos podido participar en ese acto. Es cierto también que cuando se estaba fraguando el gran pacto sobre el Estatuto de Gernika participamos en 1978 en un convocatoria unitaria, en la que nos unimos a los partidos democráticos vascos reivindicando nuestro derecho al autogobierno. Aprobado el Estatuto de Gernika por las Cortes Generales y refrendado por el pueblo vasco el 25 de octubre de 1979, en el año 1980, en un momento muy delicado para la consolidación de la democracia en España y por ende en Euskadi, el PNV abandonó las Cortes Generales, retiró a sus parlamentarios del Congreso y del Senado consumando un acto que para mí constituye el de mayor irresponsabilidad política con la democracia española en un momento en el que estaban encendidas todas las luces rojas de alerta. El golpe de Estado llegó en febrero de 1981.
A partir de esta situación no fue posible celebrar el Aberri Eguna como lo concebía el PNV. Fueron cada año actos de durísimos ataques a los gobiernos democráticos de España, a los socialistas y a Felipe González. No celebraban nada, reafirmaban su identidad atacando de manera lacerante al primer Gobierno socialista que tenía España después de cuarenta años de dictadura, que, no olvidemos, fue el que consolidó la democracia en el Estado. Las cosas se calmaron a partir de 1986 con los gobiernos de coalición PNV-PSE presididos por Ardanza. Pero para nosotros, los socialistas, el Aberri Eguna nunca más fue un día de todos los vascos, sino una fiesta más, respetable sin duda, de un partido o de un colectivo nacionalista.
Volviendo a la argumentación inicial, y sin ningún entusiasmo por las fiestas patrióticas, ¿cuál es el acontecimiento que deberíamos conmemorar los domingos de Resurrección? No se sabe exactamente. Sin embargo, un 25 de octubre por lo menos se produjo un acontecimiento trascendente para el pueblo vasco que sancionó por votación popular el más amplio acuerdo político de toda su historia, el Estatuto de Gernika, que además ha posibilitado el mayor grado de autogobierno de un pueblo en el ámbito de un Estado. Puestos en la tesitura de optar por la idea de un día de Euskadi como fiesta oficial, creo que el 25 de octubre tiene más méritos y más razones que el Domingo de Resurrección. Algún día quizá, cuando seamos un pueblo maduro en los valores del respeto democrático, al no ser el Domingo de Resurrección día laborable podríamos participar en las dos conmemoraciones, en el Aberri Eguna, al que es sensible una parte de este pueblo, y en el Euskadi Eguna, como fiesta oficial de los vascos.

Socialistas Vascos / Euskal Socialistak