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Intervención de Idoia Mendia en los II Premios "Oroimen Hegoak" 2018 de JSE-Egaz

Intervención de Idoia Mendia en la entrega de los Premios Oroimen Hegoak

Egunon guztioi. Eta mila esker gaur hemen izateagatik.

Hay algo de especial y mucho de esperanza en este acto.

De especial, todo lo que tiene el poder celebrar la libertad. De esperanza, saber que hay unas Juventudes, las socialistas, comprometidas con no olvidar, con recordar de dónde venimos, por qué estamos hoy en este acto tranquilo, para poder construir un futuro basado en la decencia y la dignidad.

Bienvenidos a la Euskadi que es posible gracias a gente como la premiada aquí. A la Euskadi libre. Porque no hace tanto que en estas calles, al grito de “Gora Euskadi Askatuta”, se mataba y amenazaba.

Pero quienes lo hacían no consiguieron más que sembrar tragedia, aniquilar otras vidas y condenar las suyas propias. Y mientras lo hacían, otros, sin gritar, resistían y construían. Otros, sin alzar la voz, hacían posible que los terroristas desistieran.

Es nuestro mayor orgullo, el que exhiben hoy las Juventudes al premiar ese esfuerzo que un día, con un presidente socialista en el Gobierno de España y un lehendakari socialista en el Gobierno de Euskadi, hizo callar las armas y permitió empezar, por primera vez en la historia vasca, el camino de la plena libertad.

Ayer mismo lo recordábamos con un homenaje a los concejales y alcaldes socialistas de Lasarte. Aquellos que jamás dieron un paso atrás, quienes sufrían cada día, en cada Pleno municipal, en sus casas, el acoso permanente del totalitarismo.

Aquellos y aquellas que respondieron con dignidad y principios socialistas para mantener en pie sus Ayuntamientos, para seguir sirviendo a sus vecinos sin preguntar por su ideología, sino atendiendo a sus necesidades.

Hoy añadimos a ese reconocimiento el de quienes con igual dignidad hicieron frente a los totalitarios de Cristo Rey y a los totalitarios de ETA. Reconocemos al proyecto Lagun, porque más que una librería era un proyecto para abrir mentes, era un proyecto de tolerancia y libertad. Un proyecto encabezado por Ignacio Latierro y Teresa Castells, con un compañero impagable, José Ramón Recalde. Víctimas del franquismo, víctimas del terrorismo. Ante ambos pusieron bastante más que la cara. Y a ambos les ganaron.

Como les ganaron los supervivientes. Este mes de febrero lo tenemos teñido en rojo en el calendario socialista. Es especialmente duro para nosotros. Anteayer recordábamos el asesinato de Enrique Casas. El jueves el de Fernando Buesa. Hace unos días a Joseba Pagaza. Poco antes a Fernando Múgica….Y entraremos en marzo recordando a Isaías Carrasco, a Froilán Elespe, a Juan Priede…

Qué duro invierno, y qué largo es para nosotros el mes más corto del año. Un mes en el que otros compañeros pudieron sumarse a esa lista y consiguieron evitarlo. Iñaki Dubreuil, Esther Cabezudo, Edu Madina…

Ese compromiso joven, esa vocación política, esa pasión por contribuir al progreso de tu tierra y esa bomba cobarde que intenta truncar una vida pero no consigue doblegar ni el compromiso, ni la vocación ni la pasión.

Quiero agradecer expresamente a Eduardo la altura demostrada, la inmensa madurez, y la gran lección de valores democráticos que supo ofrecer a una Euskadi enfangada entonces en las trincheras.

Él mismo se definió blindado contra el odio y así es como hoy afrontamos, desde el Socialismo Vasco, la construcción de la convivencia aún pendiente: sin odio pero con memoria, sin venganza pero con la cabeza bien alta por saber que nuestra victoria es haber conseguido que ETA acabara. Sin cesiones.

Y eso que nos decían que no podía ser. Nos decían que sólo sucumbiendo a las intenciones nacionalistas sería posible ver el final del terrorismo. Que si llevaban tantos años, que si tenían tanto apoyo social y político, como ningún otro grupo terrorista tuvo jamás, sólo forzando las costuras del Estado de Derecho sería posible una Euskadi sin terror.

Pero José Luis y Alfredo supieron entender lo que pasaba aquí con mucha más claridad que los nacionalismos y supieron ver cómo se debía resolver. “Bombas o votos”, se les dijo. Y acabaron eligiendo los votos. Y acabaron comprobando que con bombas no hicieron nada, que con votos se hace más.

Y, aunque no lo admitan, constatan así el fracaso de una historia de terror. Cuando dicen que no hay vencedores y vencidos, decimos: sí los hay.

Venció la democracia y el acuerdo entre diferentes. Fue vencido el asesinato y el acoso del que piensa de otra manera.

Pero la historia no ha acabado. El socialismo siente el inmenso orgullo de haber dejado tras su paso por los Gobiernos una Euskadi en paz. Y el socialismo siente ahora el inmenso reto de liderar la construcción de la convivencia.

Y esa convivencia sólo puede cimentarse sobre la verdad de lo ocurrido. Sólo podrá consolidarse cuando todos asumamos que ni un solo asesinato ni amenaza tuvo jamás ninguna justificación. Es lo que merecen las víctimas, los resistentes, la sociedad civil que combatió con la palabra al terror.

Sozialistok izugarrizko lana egin dugu askatasunaren alde. Terroristei aurre egin genien. Demokrazia defendatu genuen. Eta bakea lortu genuen, Gobernu Sozialistak izanik Espainian eta Euskadin.

Eta orain elkarbizitza eraikitzeko erronka daukagu. Eta elkarbizitza hori, memorian oinarritu behar da. Euskal gizartean benetan gertatu zena aitortuz. Hilketak, mehatxuak, bahiketak… ez zutela inolako zentzurik onartuz.

Sozialistok prest gaude lan hori egitera. Sozialistok prest gaude memoriaren alde borrokatzera, askatasunaren alde borrokatu genuen bezala.

Inolako kalkulu elektoralik gabe. Gure kalkulu bakarra, seme-alabei utzi nahi diegun gizartea baita.

El pasado resultará incómodo. Pero asumirlo es la mejor vacuna para el futuro. Asumir que hubo ciudadanos vascos que decidieron organizarse para asesinar a otros ciudadanos porque los consideraron enemigos sin derechos ni dignidad. Que les desvistieron de su condición humana y les convirtieron en mero objetivo para sus fines políticos.

Asumir que obligaron a muchos a exiliarse, y que varios miles más resistieron el acoso, la amenaza, la integridad física y la seguridad de sus familias. Asumir que gracias a esa resistencia, junto con la labor policial y judicial, hoy Euskadi es un lugar donde se puede defender cualquier idea política sin miedo. La verdad, sin amnesia.

En este día de este triste febrero para los socialistas, queremos llamar a la esperanza desde el compromiso por construir la convivencia desde la memoria. Por conseguir que no haya nadie que se jacte de un pasado que debería avergonzar a quienes lo provocaron, lo aplaudieron, lo jalearon, lo defendieron.

Por reconocer que las víctimas merecen verdad, justicia y reparación. Por demostrar que la política, la palabra, el respeto al diferente, el reconocimiento de la pluralidad de nuestra sociedad y el afán por buscar lo que nos une es lo que ha hecho progresar a Euskadi y es sobre lo que seguir construyendo el futuro.

Que la dignidad de las personas está por encima de cualquier causa política. Que los derechos humanos constituyen un absoluto ético que no puede fragmentarse.

Los Socialistas estamos dispuestos a liderar ese proceso y no tomaremos ni una sola decisión bajo cálculos electorales. El único cálculo que debemos hacer es qué queremos dejar a quienes vengan detrás de nosotros. Y nos negamos a dejar en herencia un país desmemoriado, porque sería un país que haría del olvido una nueva injusticia.

Así que al orgullo de pertenecer al partido que ha conseguido legar a la juventud un país donde a nadie le maten por sus ideas, queremos sumar el orgullo de poder legarles, además, un país donde todos sepan que aquí se mató por pensar diferente.

Un país vacunado contra cualquier tentación de violación de derechos humanos, porque esa base, junto con los principios de igualdad y solidaridad, es la que permite construir sociedades decentes.

 

Donostia-San Sebastián, 25 de febrero de 2018