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intervención de Idoia Mendia en la inauguración en Donostia-San Sebastián de la exposición “Caminos de libertad 1977-2017”.

Buenos días. Egun on. Cuando venía hacia aquí me acordaba de la última ocasión en que compartí con la militancia guipuzcoana el orgullo de estas cuatro últimas décadas de socialismo vasco. Me acordaba de aquella reunión que tuvimos en abril en el Kursaal que rememoraba la gran cita de Igeldo. De un lema que no ha perdido ni un ápice de rigor, actualidad ni compromiso: “Socialismo es libertad”. De la inmensa e impagable deuda que tenemos con quienes recogieron aquellos primeros carnés que imprimió este partido para quienes querían dejar bien claro ante todo el mundo cómo se sentían: Socialistas de Euskadi.

 

De esa primera militancia a la que honramos hoy. Y en ella están quienes no están. Quienes no pueden compartir esta emoción, pero les tenemos presentes. Desde Germán González a Isaías Carrasco, De Enrique Casas, de Fernando Múgica, de Juan Mari Jáuregui, de Joseba Pagazaurtundua, de Froilán Elespe, de Juan Priede. También de Ernest Lluch, sentido por todos aquí como socialista guipuzcoano y de cuyo asesinato se cumplirán pasado mañana 17 años. Pasará el tiempo, pero todavía resuenan aquellas palabras suyas en la plaza de la Constitución, en medio del acoso de los radicales, cuando levantó aún más la voz para proclamar: “Qué alegría llegar a esta plaza y ver que los que ahora gritan antes mataban y ahora no matan. No saben que ha llegado la paz y la democracia a este país, que no se enteran”.

 

Venía pensando en esto, en esa alegría de que no nos maten, ahora que truenan tantas voces llenas de la palabra democracia y libertad. Los voceros que no saben, no se hacen ni una pequeña idea, de lo que ha costado que sigan llenando de ruido todo el espectro mediático. Tantas voces que desprecian la larga lucha de otros, de nosotros, para que ellos hoy puedan decir lo que quieran.


Permitidme que empiece esta intervención por ahí. Porque este es un homenaje, un reconocimiento, a una generación que supo coger el testigo de quienes se curtieron en la resistencia a la dictadura de Franco y supieron resistir a ETA. Por eso no quiero dejar pasar esta oportunidad para denunciar a esos aprendices de libertarios. Para decir que su victimismo es un auténtico insulto a tantos luchadores por la libertad. Para recordarles que hoy pueden hacer vida normalizada en nuestro país. Que pueden expresar su ambición independentista si quieren, que les permite gobernar instituciones a las que desprecian.

 

La democracia es tan grande en nuestro país, con todos sus defectos y con todo lo que haya que corregir, que ha permitido que incluso algunos se valgan de ella para intentar desprestigiarla. Pues bien: el socialismo ha sido el arquitecto de esa libertad que también disfrutan ellos. Lo habéis sido vosotros y vosotras, y es el socialismo el refugio seguro de quienes sigan reclamando igualdad, diálogo, pluralidad, solidaridad.

 

Por eso decimos que los caminos de la libertad recorridos no son más que un estímulo para seguir andando los muchos senderos que le quedan a este partido por patear. En cada rincón de Gipuzkoa, de Euskadi. En los que vamos a acompañar a nuestros compañeros catalanes. Caminos en los que vamos a desgastar nuestras suelas para que España vuelva a ser ese proyecto solidario y compartido en el que llevamos siempre y en el que queremos continuar.

 

Otros se empeñan en seguir ensimismados en lo que no existe. Se llaman de izquierdas, pero, como les pasa a quienes presumen de nuevos, lo que en realidad les ocupa su tiempo es la independencia. No conocen otro lenguaje, no conocen otra prioridad. Llevan tiempo inundando nuestros Plenos en el Parlamento, en las Juntas y los ayuntamientos con muestras de cariño hacia el independentismo, reconociendo supuestos derechos, supuestas independencias, supuestas repúblicas que no existen más que en su imaginario.

 

Cosechan unas cuantas victorias que no sirven para nada. No les sirven a los catalanes, no nos sirve a los vascos. Sí les sirve, y no se dan cuenta, a la ultraderecha más xenófoba de toda Europa, que sigue alimentando su extremismo escalofriante con el argumentario de ese independentismo radical.

 

Eso no es la izquierda. Nuestra bandera, la que une a los progresistas, la que nos identifica en cualquier país, es la de la igualdad. La bandera que une los nacionalismos, sean de derechas o de izquierdas, es la de la exclusión.

 

No nos van a confundir. Los socialistas seguiremos empeñados en afianzar los acuerdos entre diferentes, en mimarlos, en ensancharlos. En extenderlos a las decisiones que afectan a la vida diaria de los ciudadanos. En ampliarlas hasta donde seamos capaces, sea en presupuestos o sea en autogobierno, con un método: reconocimiento de la pluralidad, diálogo, acuerdo y legalidad. El camino seguro. El camino para más derechos, para más libertades.

 

Sozialistok akordiaren aldeko deia berretsi nahi dugu gaur. Denekin paktatzea saiatuko gara. Betorik gabe. Konplexurik gabe. Baina ez dugu Euskadi etsipenera eramango.

Euskal independentistek badute zer ikasteko Kataluniatik: ezinezkoa dena, ezin dela hitzeman.

 

Eta Sozialistok ez dugu nazionalisten tranpan jausiko. Akordioaren bidea jarraituko dugu. Euskal gizartea plurala delako, eta ezberdinen artean eraiki behar dugulako.

 

He hablado del largo camino recorrido, de todas sus dificultades, de las pendientes y del agotamiento que hemos sentido en algunos momentos. Pero cada vez nos cansamos menos. Porque al levantar la vista hemos encontrado un país donde todos los ciudadanos, piensen como piensen, saben que hay un ambulatorio donde les atienden cuando se encuentran mal, una escuela donde sus hijos puedan estudiar, un ingreso garantizado cuando las cosas se tuercen, una industria que busca adaptarse a los nuevos tiempos, un país de hombres y mujeres que no se sienten amenazados por su forma de pensar. Vemos esto y sabemos que lo hemos hecho nosotros. Con otros, pero sin nosotros no habría sido posible. Y pensamos en lo que nos queda por hacer.

 

Así que hemos vuelto a coger fondo. Hemos sabido superar esos instantes de debilidad para reinventarnos. Para poder ofrecer al país esperanza, en medio de tanta desazón. Para poder ofrecer pluralidad donde otros ofrecen imposición. Para ofrecer diálogo en medio de tanto ruido y tanto tuit. Para buscar sin desánimo el acuerdo donde otros sólo plantean frustración.

 

Eso es seguir recorriendo los caminos de libertad. Ese es el testigo que nos corresponde coger ahora a otros, que no olvidamos el agradecimiento profundo que debemos a quienes nos precedieron.

 

Hace unos días Eneko y Rodolfo presentaban el libro de Los resistentes. Os recomiendo que lo leáis. Es el relato socialista, vuestro relato, vuestra vivencia, de lo que ha significado hacer política en Euskadi con estas siglas. Porque cuando se desprecia con tanta facilidad la labor de la política, hay que saber levantar la cabeza y reivindicarse.

 

Y entre las muchas cosas que tenemos pendientes en Euskadi, está la de reivindicar que lo mejor de la política ha estado en los cargos públicos que hicisteis posible la libertad. Sois trabajadores, comerciantes, docentes, abogados, médicos, jardineros, marinos, activistas sociales, agricultores que disteis el paso y pusisteis vuestro nombre en una lista. Lo hicisteis para garantizar la libertad de elección de todos los ciudadanos a cambio de que vuestra propia libertad personal, toda vuestra vida privada, quedara secuestrada. Sin sueldos, sin más privilegio que el que sienten en su conciencia las personas con compromiso público, principios y ética.

Y así conseguimos llegar hasta los rincones más apartados donde detectábamos que había alguien con voluntad de depositar en la urna una papeleta con el puño y la rosa. No faltamos a una sola convocatoria. Nunca. Somos los únicos que, desde el referéndum constitucional, jamás hemos faltado a ese compromiso con la ciudadanía. Y bien que se empeñaron en impedírnoslo. Algún día alguien en este país sabrá reconocer que, aunque jamás nos haya votado, aunque jamás quiera hacerlo en el futuro, su propia libertad para votar existe gracias a esos resistentes. A vosotros.

 

Sozialismoak ez zuen amore eman. Gaur dugun askatasuna lortzeko ezinbestekoak izan ginen. Ezinbestekoak izan zineten.

 

Hauteskunde guztietan parte hartu duen alderdi bakarra gara. Herriaren alde gehien egin dugunak.

 

Eta noizbait aitortu behar izango digute. Baina lehenengo guk geuk aitortu behar dugu. Aldarrikatu dezagun gure historia. Aldarrikatu dezagun askatasuna lortzeko egin dugun lana.

 

Herri honen historiaren funtsezko partea gara. Ezin dugu ahaztu. Eta gure eginkizuna da guzti hori gogoratzea.

 

Gracias a estos resistentes, la democracia venció primero al franquismo y luego a ETA. Y mientras sobrevivíais, construíais. La militancia socialista ha demostrado su capacidad de transformar la resistencia personal en una victoria para todos. La de la reconquista de los servicios públicos, de las libertades y de los derechos.

 

Esa es la huella que hemos ido dejando en los caminos recorridos hasta hoy, y la que deberemos seguir dejando en los senderos que no hemos empezado a pisar. Para seguir conquistando espacios de derechos y libertades. En eso estamos.