Se abría, así, una nueva etapa en el movimiento obrero vasco, que creció y se consolidó sindicalmente durante los años de la Primera Guerra Mundial, cuando se constituyeron el Sindicato Minero y, sobre todo, el Sindicato Metalúrgico, como los dos pilares básicos de la pujante UGT de Vizcaya. Como líder del socialismo vasco en este período, Indalecio Prieto se convirtió en el enemigo por antonomasia del nacionalismo, cuyo órgano de prensa, “Euskadi”, llegó a firmar que “el españolismo es Prieto”.
Bajo el liderazgo de Prieto, el socialismo vasco se caracterizó por ser liberal (“Soy socialista a fuer de liberal”, se definió Prieto), republicano (aliado constante del republicanismo hasta 1936), regeneracionista, reformista y profundamente democrático. Por otro lado, ante el debate abierto en el PSOE tras la Revolución Rusa de 1917, entre los llamados terceristas (partidarios de adscribirse a la III Internacional) y antiterceristas (que no querían perder sus señas políticas de identidad), Prieto se situó de manera decidida con éstos últimos y consiguió que le siguiese la mayoría del Partido.
La mayoría del Sindicato Minero, en cambio, optó por dar el salto al comunismo, lo que ocasionó su expulsión de la UGT de Vizcaya en 1922. El incipiente PCE tuvo en la zona minera uno de sus focos principales.
Fue, además, Indalecio Prieto, quien empezó a buscar fórmulas que dieran respuesta a las aspiraciones de autogobierno de los vascos; algo que, con el tiempo, se concretaría en el primer Estatuto de Autonomía que el País Vasco obtuvo en 1936.